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AL VUELO-Antojitos

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Por Pegaso

Andaba yo volando esta mañana allá, sobre la plaza principal Miguel Hidalgo, «el Corazón de Reynosa», cuando me dí cuenta de los preparativos que se están haciendo para la verbena popular que tendrá lugar esta misma tarde y noche.

Se trata por supuesto de la tradicional celebración del «Grito de Independencia», una de las ceremonias centrales de nuestra mexicanidad.

En torno a esta celebración no puede faltar la rica gastronomía nacional.

Porque, oiga usted, no es por presumir pero México tiene una de las cocinas más variadas y deliciosas del mundo.

Fuera de dieta, por ejemplo, no hay quien le haga el feo a unos tamalitos de pollo o de puerco, con una salsa borracha que no tiene agüela, o los veracruzanos, envueltos en hoja de plátano.

¿Se han fijado que los mexicanos, al referirnos a la comida todo lo decimos en diminutivo?

-«Doña Chonita,-dice un comensal- ¡sírvame más molito con arrocito y unas tortillitas bien calientes!»

Para el mexicano, la comida es la gloria, el Nirvana.

Somos tragones por naturaleza y nos valen madres las calorías cuando estamos delante del rey de los platillos: el mole.

Usado como el centro de cualquier celebración pueblerina o populachera, el mole consiste en una salsa elaborada a base de varios chiles, chocolate, semillas secas y muchas especias, generalmente acompañado por una suculenta pieza de pollo o pavo.

Durante estas fiestas patrias no deben faltar los chiles en nogada.  Se trata de chiles poblanos rellenos con una mezcla de carne de cerdo y res, con algunos condimentos y algunos trocitos de piña que le dan un toque medio dulzón, bañado con una salsa de nuez y decorado con granos de granada.

Este plato tiene los colores de la bandera nacional: el verde del chile, el blanco de la salsa de nuez y el rojo de la granada.  Fue preparado por primera vez en un convento de madres clarisas para agasajar a Agustín de Iturbide durante la firma de la Independencia de México, de ahí su relación con éstas fiestas patrias.

Y no debe faltar, por supuesto, el pozole, un caldo de origen guerrerense, de pasado prehispánico, que lleva carne de cerdo o pollo, maíz y especias.

Cuando se sirve en un plato hondo se le debe agregar lechuga bien cortadita, rábanos en cuadritos, orégano seco, limón y algo de chile piquín, para acentuar el sabor.

Así que si usted es patriota y gusta celebrar la Independencia de México, únase a la fiesta gastronómica y olvídese por un momento de la dieta.

Por lo pronto, aquí les dejo el refrán estilo Pegaso: «Una mayor cantidad de heridas punzantes ocasiona la carencia de alimentos, que las provocadas por las prolongaciones córneas de un ejemplar de la especie Bos taurus». (Más cornadas da el hambre).

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