Por Pegaso.
Estaba yo sentado en mi cumulonimbus favorito, disfrutando del bonito video viral que circula en you tube donde el flamante ganador de la presea «El Pegaso de Oro», Gustavo Cárdenas Gutiérrez y otro peladito hablan sobre los efectos del Brexit en la economía de México.
Y lo hacen con un singular y florido vocabulario que haría enrojecer hasta al más procaz carretonero de la colonia 10 de Mayo.
¡Mucho por Gustavo! Hay que poner muy en alto el título ganado con tanto sacrificio durante la campaña.
¿Y la escoba, apá?
Bueno. Resulta que después de solazarme con el susodicho video me fui volando rápidamente hasta el Comité Municipal del PRI, ya que me habían invitado a la celebración del aniversario luctuoso número 6 del excandidato de ese partido al Gobierno de Tamaulipas, Rodolfo Torre Cantú.
Por ahí tuve la ocasión de saludar a mi estimado compadre, el doctor Víctor Aguilar Orta, a Omar Elizondo, Presidente del Comité Municipal y al profe Rafael Acuña Estrada.
Poco antes de las cinco llegó otro buen amigo, don Othoniel Ochoa Guerrero.
Othoniel, siendo uno de los principales operadores del Revolucionario Institucional durante los ochenta y parte de los noventa, cada que terminaba una elección donde su partido salía victorioso, acostumbraba decir: «Como ordenan los cánones».
Por supuesto, se refería a los cánones del PRI, del PRI de la vieja escuela.
Durante más de sesenta años la supremacía del PRI fue innegable en nuestro país.
Durante los sucesivos procesos electorales el partido fue perfeccionando sus ténicas hasta llegar a ser casi una dictadura perfecta, o por decir algo más suave, una «dictablanda».
En este sistema de gobierno, por supuesto, se tenían que respetar los dictados de la cúpula, y quien no los acataba quedaba fuera de la jugada.
Fidel Velázquez lo definió de esta manera: «El que se mueve, no sale en la foto», refiriéndose a que nadie podía manifestar su interés por ser candidato a algún puesto de elección popular antes del palomazo del presidente en turno.
Ya ungido, el candidato ya se sentía ganador. Eso sí, durante la campaña realizaba intensos y extensos recorridos territoriales en busca del voto.
Fue ahí donde surgió la inveterada costumbre de abrazar viejas fodongas y darles beso de cachetito, y tomarse la foto cargando al niño chamagoso.
En los años de gloria del PRI toda era más fácil. Llegaba el ciudadano o ciudadana a la casilla y siempre había un tipo que les decía: «Tacha la banderita».
Y con eso se referían al logo del PRI, que como todo mundo sabe, trae los colores verde, blanco y rojo.
En fin, en aquellos tiempos, cuando se daba a conocer el nombre del candidato luego de un estira y afloja, procedimiento que los moneros de antes inmortalizaron con el dibujo de un hombre con el logotipo del PRI en la solapa y una capucha negra en la cabeza al que llamaban «el tapado», todo mundo esperaba hasta el último momento para comentar: «Te dije que fulano era el bueno».
E inmediatamente venían los pronunciamientos, «la cargada» famosa, y el que no se alineaba, va pa’fuera.
Pero como todo, el sistema priísta también empezó a decaer, y pronto los principales partidos opositores ganaron fuerza ante un anquilosado PRI que se negaba a cambiar algunas de sus prácticas más polémicas.
Luego vino el asesinato de Colosio, los fraudes electorales, las devaluaciones, y el pueblo empezó a voltear hacia otras opciones, especialmente hacia el PAN, el cual llegó de la mano y de las botas de Vicente Fox a la Presidencia de la República en el 2000. Lo demás es historia.
-Como lo ordenan los cánones,-fue mi saludo de ayer por la tarde a don Othoniel Ochoa, sentado en la tercera fila, en el auditorio del PRI donde se llevaría a cabo la ceremonia luctuosa en memoria de Rodolfo Torre.
-Oye, Pegaso,-me dijo. ¿Tú escribes la columna?
-Sí, don Tony. Yo solito,-le contesté.
-Está muy buena. Excelente. ¿Son cuentos, historias…?-me cuestionó.
-Pues de todo. La intención es sacar una sonrisa al lector, algo de análisis político y en ocasiones alguna reflexión…
-Pues está genial, te felicito…
Y me retiré a un extremo del salón para esperar el inicio de la ceremonia.
Nos quedamos con el consabido refrán mexicano: «Espíritus chocarreros, deseo que se prolongue la noche y no aparezca el alba». (Animas, que no amanezca, ni se haga de madrugada).


