Por Pegaso
Volando yo sobre mi querida Reynosa… (Reynosa, para el que no lo sabe, es un pueblito con crepúsculos arrebolados, donde el sol brilla y los pajarillos cantan, donde todo es armonía, dicha y felicidad).
Decía que andaba volando entre cúmulos, cirros y nimbus cuando me enteré que en la zona sur del Estado las condiciones del clima eran todo lo contrario.
Un chubasco (así le dicen a mi cuate Jaime Arredondo, porque es un fuerte chaparrón) o tromba cayó sorpresivamente e inundó gran parte de la zona urbana, provocando pérdidas millonarias.
Pocas veces he visto tanta agua en una ciudad. Incluso en Reynosa, cuando más ha llovido, sólo algunas colonias como la Ernesto Zedillo, la Unidad Obrera, la Independencia o Riberas de Rancho Grande quedan inundadas.
Más rápido que inmediatamente las autoridades estatales y municipales respondieron a la emergencia, y se decretó el Plan DN-III para ayudar a los afectados.
Alguien por ahí publicó en una cuenta de Face cómo un funcionario municipal se divertía con su tabla de surf mientras que en las colonias pasaban las de Caín con el agua hasta el cuello.
Eso me recordó la vez que una tromba azotó la región y muchas colonias quedaron bajo el agua. Era Humberto Valdez Richaud alcalde suplente, en 1999 o 2000.
A Betico se le ocurrió usar una esquí acuático para desplazarse entre los arroyos que formaba el agua en las calles, y un avispado fotógrafo aprovechó para tomarle la foto del recuerdo, tal vez pensando que estaba en Cancún o en Puerto Vallarta disfrutando de unas (in)merecidas vacaciones.
Siempre es motivo de tristeza que miles de familias pierdan sus pertenencias a causa de los caprichos de la naturaleza.
La respuesta inmediata de las autoridades es fundamental para tratar de mitigar los daños patrimoniales.
En casos de inundaciones severas, como la que ocurrió ayer en Tampico, Madero y Altamira, inmediatamente se establecen albergues temporales mientras el agua baja y se hace el recuento de los daños.
Una vez evaluado, el área se declara como zona de desastre, y entonces se solicitan recursos al FONDEN para rezarsir en algo las pérdidas de la población.
Pero ahí está el detalle, como decía Cantinflas. El FONDEN, Fondo para Desastres Naturales, es un órgano burocrático que requiere de una serie de filtros antes de soltar un solo peso.
Hasta un año después de la desgracia empiezan a llegar los apoyos.
Cuando hubo una inundación fuerte en Reynosa hace aproximadamente diez años, donde colonias enteras quedaron bajo el agua, el FONDEN envió «ayuda patrimonial», es decir, mobiliario que se hizo llegar a las familias que perdieron el equipamiento de sus casas.
Yo pensaba que iban a enviar muebles estilo Luis XV, vajillas de Fabergué o vasos de cristal de Prusia con cuchillería de plata de Tiffani, pero, ¿saben qué fue lo que enviaron? Sillas, mesas y lozas de plástico, cobijas de veinte pesos, láminas de cartón negro… Cosas que ni Muebles Troncoso se atrevería a vender.
Así que los sufridos habitantes de aquellas colonias tuvieron que irse a los tianguis a buscar algún silloncito de medio uso, una mesa decente y una cama para que el viejón durmiera a gusto.
Por ahora nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: «Ocurrió precipitación pluvial en su cultivo de cereal del género Zea mays». (Les llovió en su milpita).




