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AL VUELO-Desaparecidos

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Por Pegaso
Andaba yo volando allá, cerca del hotel Holiday Inn, ya que mediante las redes sociales me enteré que habría una conferencia de prensa con grupos de personas cuyos familiares han sido secuestrados o fueron víctimas de la violencia que caracteriza esta época de terror.

Y decían con justa razón, que las autoridades no hacen nada por tratar de buscar a sus hijos, padres o esposos, que son ellos los que tienen que ir una y otra vez a los SEMEFOS para tratar de identificar algún cuerpo, hurgar en los panteones e insistir al Gobierno para que se sacuda un poquito las telarañas y haga de perdido el intento por hacer su chamba.

Difícilmente quienes no hemos padecido ese tipo de situaciones nos podemos imaginar lo que están pasando esas familias.

En la rueda de prensa, Giovanny Barrios Moreno, presidente de la asociación Justicia Tamaulipas, lamentó entre otras cosas la inmobilidad de la parte oficial, y eso incluye desde el Gobernador y los mandos militares, hasta el último de los policías.

Ya vamos para diez años de una guerra absurda que inició el ex presidente Felipe Calderón y tan sólo en Tamaulipas las cifras oficiales de desaparecidos rebasan los 7 mil, aunque cálculos más realistas sitúan ese número en 80 mil, sin contar los muertos en acción.

Y Giovanny Barrios manifestaba que se han integrado en un Consejo Estatal para formar un bloque sólido y obligar a las autoridades estatales a que actúen en la búsqueda de las personas secuestradas o de perdido, de los cuerpos, para darles cristiana sepultura.

La ingente lucha que todos ellos han emprendido por su propia cuenta los ha transformado.

En la rueda de prensa yo ví más que personas, a zombies.

Una mujer de edad mediana que estaba sentada en la mesa, representante de uno de los grupos que buscan a familiares desaparecidos, se veía con la mirada perdida, quizá por el agudo dolor de no saber de sus seres queridos y la poca respuesta que han tenido de la autoridad.

Una reportera quiso hacerle una pregunta, pero sólo respondió como un autómata: «No voy a decir nada. Tengo que irme. Debo irme ya». Y se fue.

Diez años de inseguridad, de terror e incertidumbre.

En estos diez años los grupos delincuenciales se han empoderado y apoderado del país, ante la complacencia o impotencia del Ejército, la Marina, la Policía Federal, el Mando Unico, los presidentes, los ex presidenters, los gobernadores, los alcaldes, los fiscales especiales, el nuevo sistema de Justicia Penal…

Todo lo que se ha hecho ha resultado inútil, porque las condiciones son las mismas e incluso, peores.

Los mexicanos hemos llegado al punto de que ya nada nos sorprende, y repentinamente escuchamos en las noticias que ocurrió una espantosa masacre en San Fernando, luego sabemos de miles de jovencitas secuestradas para prostituirlas, de jóvenes que son reclutados por la delincuencia organizada, de pilas de cadáveres en bodegas clandestinas o sepultados en fosas comunes a la orilla del canal.

No quise decirles a los señores que hicieron la rueda de prensa sobre mi personal convicción en torno a la desaparición de sus familiares, porque corría el riesgo de parecer insensible, en momentos en que su sufrimiento debe ser insoportable.

Sin embargo, en éste espacio he insistido en que los mismos jóvenes son seducidos por el lado oscuro, por el falso brillo del poder, del dinero y de los lujos fáciles.

Recién platicaba con unos amigos sobre la facilidad con que los «halcones» obtienen los favores de las adolescentes del barrio.

Basta ver las estadísticas en el DIF o en el Hospital Materno Infantil para cerciorarnos de que el 60% o más de embarazos son en jovencitas menores de 18 años.

Y generalmente los padres de esas criaturas son jovenzuelos de gorras con pedrería, cadenas chafas en el cuello y radio en la mano.

Imaginemos al «halcón» cuidando una esquina todos los días, a todas horas. Cerca de ahí viven varias chicas de entre 12 y 15 años con las cuales tiene pláticas frecuentes.

El primer «choro» que les avienta es que pertenece a un cártel, que conoce al jefe de la plaza, que es muy valiente y que tiene el poder suficiente para hacer y deshacer en el sector que le toca cubrir.

Entonces, las chavas se van como gato al bofe, seducidas por el encanto del poder, aunque el mozalbete esté más feo que pegarle a Dios.

Moraleja: Padres, cuiden a sus hijas e hijos, ya que en cualquier momento pueden ser contactados o tener roce con delincuentes.

El resto ya lo sabemos y por eso hay cientos o miles de padres buscando desesperadamente a sus vástagos, a quienes consideran blancas palomas.

Quiero suponer que muchos de los desaparecidos son o eran en realidad inocentes, que por azares del destino cayeron en manos de bandas del crimen organizado sin deberla ni temerla.

Pero también es cierto que hay cantidad de jovenzuelos que por su propia cuenta buscan el dinero fácil, el sentir la adrenalina fluir por sus venas y el sentirse parte de un poder que está más allá de todos nosotros, incluso de la autoridad.

Cuando estaba subiendo una nota para el periódico allí, en el restaurante del hotel Holiday Inn, un sujeto a mis espaldas, quien se calificó a sí mismo como el más ferviente católico, decía en voz alta: «El estúpido de Felipe Calderón inició una guerra contra esos cuates. Es una guerra que no se puede ganar porque están en todo. En Bélgica hay mucha más venta de droga, pero no hay violencia, porque allá están de acuerdo. Está controlado. Esos cuates se dedican a la venta, producen mucho dinero y ayudan a la economía del país…»

Me quedé sorprendido de que un tipo tan declaradamente católico hablara de esa manera, pero es un hecho que mucha gente cree que la estrategia del Gobierno sólo ha servido para que los grandes capos de la droga se limpien el trasero.

Posiblemente los grupos de familiares de desaparecidos logren calar hondo en el ánimo de las nuevas autoridades estatales, ya que incluso esa fue bandera de campaña política.

El día primero de octubre, durante el evento de toma de posesión del nuevo Gobernador, estarán presentes para exigir una interlocución, y ahora sí, activar en serio la búsqueda de los secuestrados y la atención a las víctimas.

El dicho estilo Pegaso dice así: «El individuo que acostumbra departir con ejemplares de la especie Canis lupus, ineludiblemente aprenderá a emitir sonidos guturales agudos y prolongados». (El que con lobos se junta a ahullar se enseña).

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