Por Pegaso
Sentado en mi cumulonimbus favorito, leía ayer por la tarde un artículo de mi amigo Rubén Dueñas, prestigiado columnista de la Capital del Estado en el que hablaba de un nuevo vicio del lenguaje.
Tal vicio se hizo popular durante el sexenio de Vicente Fox y todavía se acostumbra entre algunos políticos.
«El desdoblamiento lingüístico es artificioso e innecesario, según la Real Academia de la Lengua»,-escribió el columnista.
Cuando se refería a un grupo de niños, el exmandatario Fox acostumbraba a decir, para evitar cualquier interpretación de discriminación sexual: «Los chiquillos y las chiquillas».
Aludiendo también a ese principio, pronto se generalizó la costumbre de desdoblar los géneros, sin pensar si eso entraba en los cánones del lenguaje, pero siguiendo siempre la normalidad política que nos empuja siempre a imitar a los que están en el poder.
El sexenio de Fox será recordado no sólo por éste fenómeno lingüístico, sino por las graciosas botas y el sombrero que no dejaba ni cuando iba a dormir. También por su folclórica esposa, martha Sahagún, quien en una ocasión, en China, se le vio jugando a las escondidillas entre las estatuas del Ejército de Terracota, monumental obra arqueológica que es patrimonio de la humanidad.
¿Se imaginan si se le llega a caer una de esas? Inmediatamente los chinos buscarían la forma de reponerla con alguna estatua de Quetzalcóatl o con el Calendario Azteca.
Volviendo al tema del lenguaje. Yo, como Pegaso pragmático que soy, no le hago mucho caso a la Real Academia de la Lengua. Se supone que esa institución se creó para vigilar el buen uso del lenguaje Español o Castellano, y que nosotros, los pueblos que fueron colonizados por ese país, lo hemos adoptado y debemos sujetarnos a sus dictados.
Pero el lenguaje es cambiante. Evoluciona.
Y por ejemplo, muchas palabras han cambiado de sentido, o se han modificado a lo largo de los siglos para convertir al Español que se habla en México en una lengua casi aparte de la original.
Difícil sería que un español de Andalucía platicara, por ejemplo, con un chilango de la capirucha porque no se van a entender ni madres.
Los usos y costumbres son los que obligan a un idioma a evolucionar.
Aquellos vocablos que dejan de usarse, simplemente desaparecen de la escena, se desvanecen.
Por dar un ejemplo la palabra «varo» era muy común en algunas zonas rurales de México hasta hace medio siglo.
Se usaba como sinónimo de peso, como en el caso de dos amigos que se encuentran fuera de una cantina y le dice uno al otro: «Oye, valedor, ¿cuánto traes pa’ las chelas? Y el otro le contesta, metiendo la mano en la bolsa del pantalón y mostrando algunas monedas: Nomás traigo cinco varos».
Los usos y las costumbres nos llevan a usar palabras diferentes para animales de una misma especie, según su género: Decimos vaca para referirnos a la hembra del mamífero llamado científicamente Bos taurus. Pero no podemos decirle vaco al macho. Y si a éste le decimos toro, no podemos decirle tora a la hembra.
Las ranas son ranas, y sus machos no son ranos. Asimismo, no podemos decirles sapas a las hembras.
Y así, sucesivamente, se repiten muchos pares de palabras que son apropiadas para un género de una especie, pero no para la otra: Decimos caballo, no caballa; yegua, pero no yeguo; gallo, pero no galla; gallina, pero no gallino.
Cuando los gallináceos son más jóvenes sí podemos designarlos con una sola palabra: Pollo o polla.
El lenguaje, como todo, tiene excepciones, y muchas veces carece de lógica. Se vale de los usos y costumbres para evolucionar. Es como un organismo que está en constante cambio, y ni la Real Academia de la Lengua lo podrá impedir.
Sin embargo, el desdoblamiento foxiano pasará a la historia como uno más de los disparates del ex mandatario mexicano.
Por eso mismo, lectoras y lectores, yo los invito a analizar cada giro y gira del lenguaje y la lenguaja para que podamos discernir qué palabras y palabros realmente son sólo disparates y disparatas, modas y modos de los políticos y las políticas. Que no los agarren con la guardia y el guardio bajo y baja cuando se paren frente a un público y pública.
Por cierto, durante mucho, mucho tiempo se ha usado un desdoblamiento lingüístico que, sin embargo, la dichosa Real Academia de la Lengua ni siquiera ha reparado en él, y es que los presentadores de teatro, circo o de cualquier espectáculo, siempre empiezan diciendo: «Señoras y señores…»
Mejor los dejo con el famoso refrán estilo Pegaso: «Engullo un platillo típico mexicano elaborado a base del músculo lingual del mamífero denominado Bos taurus, enrollado en una oblea de maíz». (De lengua me como un taco).




