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AL VUELO-Esquirla

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Por Pegaso

Llegué yo volando a la sede de la Octava Zona Militar, ya que los mandos castrenses invitaron a los medios de comunicación a estar presentes en la ceremonia de destrucción de armas confiscadas a la delincuencia organizada, y donde además estaría el Gobernador del Estado, Egidio Torre Cantú.

Atrtericé allí, en la entrada del cuartel y me fui caminando hasta donde estaba un militar muy amable que me pidió una identificación para entrar al lugar del evento.

Caminé unos cuantos pasos y fue en ese momento cuando escuché una detonación, como un disparo de pistola de mediano calibre.

No me alarmé porque, a pesar de todo, estaba en un campo donde es común que se hagan pruebas de tiro.

Llegué al patio donde se realizaría el evento.

Tendidas en el suelo y muy bien ordenadas, había cientos de armas largas de las que iban a ser destruidas.

A decir verdad, eran armas muy viejas y oxidadas. Se notaba que tenían ya mucho tiempo guardadas y tuve la impresión de que la mayoría ya estaban inservibles.

Pero dentro del montón había algunas vistosas, con gatillo, punta y herrajes chapeados de un metal dorado.

Mi primera impresión fue que posiblemente se trataba del arma de algún capo que mandó chulear su fusil, pero alguien me dijo que era sólo bronce.

En eso estaba, tomando fotos del armamento, cuando mi compañero y amigo, el fotógrafo Víctor Espinosa se tocó la barriga al sentir un leve ardor. Se levantó la camiseta y vio que tenía incrustada una esquirla. Se la sacó con los dedos y quedó una pequeña herida de la que salió una gota de sangre.

Es decir, aquel disparo que oí cuando iba llegando, tuvo consecuencias leves, pero al final consecuencias.

Supe ahí mismo que no sólo Espinosa, sino también un militar resultaron con heridas por las esquirlas que saltaron de una mesa donde se estaba destruyendo una ametralladora.

En un principio se dijo que fue esquirla de bala, que por descuido del personal de Materiales de Guerra, a cargo de la destrucción, se había disparado, estando el proyectil dentro de la recámara del arma.

Pero no fue así, una gentil mujer militar, encargada del área de prensa, se acercó para decir que fue un trozo del esmeril que saltó al momento de cortar la parte metálica.

Los discos usados para esos menesteres están elaborados a base de un material duro, el carburo de silicio, mismo que también es susceptible de romperse cuando la presión y el calor son demasiados.

Fue así como en el chat de la Octava Zona Militar empezó la polémica porque en el portal Inforio de Juan Castillo salió una nota relatando lo ocurrido y culpando de descuido a los soldados que hacían el trabajo.

Alguien comentó que notas como esa sólo provocan que los militares restrinjan a sus eventos el acceso a los medios de comunicación, y yo hacía la observación de que Juanito sólo hizo su chamba al relatar un hecho curioso que, entre otras cosas, pone en evidencia el descuido del personal a cargo de la destrucción de las armas.

Hay que reconocer también que la raza periodiquera, en muchas de las veces, tenemos la culpa de lo que nos pasa.

Recordemos una semana atrás, durante la inauguración de un parque de beisbol donde al Gobernador le tocó hacerla de pítcher, el bateador golpeó la bola y ésta salió proyectada al rostro de un reportero gráfico.

En esta ocasión le pasó lo mismo a otro fotógrafo, a Víctor Espinosa, con la diferencia que no fue una bola de béis, sino un pedazo de esmeril lo que impactó en su prominente barriguita.

Y pese a la férrea disciplina militar que se supone que hay en ese cuartel castrense, los reporteros nos avalanzamos hacia las mesas donde los elementos de la SEDENA estaban destruyendo las armas de fuego, a fin de sacar las mejores fotografías.

Ojalá que esa situación no vaya a ser causa de que nos restrinjan la entrada a los futuros eventos militares, tan vistosos de por sí.

Hasta ahora la SEDENA y demás cuerpos de seguridad han emitido invitaciones a la prensa cuando ellos quieren que la sociedad conozca su lado positivo, su lado humano y social.

Recordemos las dos exposiciones que se realizaron en el Centro Cultural, donde hasta los niños de brazos podían subirse a un Hummer militar y jalar el gatillo de una Barrett de 50 milímetros (sin balas, por supuesto), o estar a un lado de un piloto de helicóptero, o sentarse en la silla de un vehículo anfibio.

De la coordinación y buena comunicación entre las fuerzas armadas y la prensa pueden salir cosas buenas.

Pienso que ellos están haciendo su papel histórico y nosotros el nuestro.

En lo que no estoy de acuerdo personalmente es en el uso de la fuerza bruta para combatir a la fuerza bruta, responder al fuego con más fuego porque eso equivale a hacer más grande el problema.

Insisto en que es la educación, la cultura y la inteligencia lo que hace falta para contrarrestar la ola de violencia que vive el país.

Venga, pues, el refrán estilo Pegaso: «Las legislaciones suelen guardar silencio al momento en que los objetos ofensivos emiten sus característicos sonidos». (Las leyes callan cuando las armas hablan).

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