Por Pegaso
Andaba yo volando por el límpido cielo de Reynosa, disfrutando como Jaimito el Cartero, de los crepúsculos arrebolados.
Y andaba allá, por el rumbo de la colonia Del Prado, donde tiene su consultorio mi buen amigo, el doctor Amadeo De León, a quien pasé a saludar para charlar brevemente de la otra pasión que tiene aparte de la psiquiatría: La política.
Y comentábamos que, tras el triunfo del PAN, ahora el reto de las nuevas autoridades estatales y municipales será encontrar a las personas que llenen el perfil adecuado para los diferentes cargos de elección popular.
Y yo le hacía la observación de que en repetidas ocasiones la doctora Maki Ortiz ha mencionado que buscará no sólo entre la gente de su partido o de otros partidos, sino de la comunidad en general, a aquellas personas que sean las más idóneas para hacerse cargo de tan delicada encomienda como es un cargo público.
Y de ahí decantamos en el otro tema, el de la salud mental.
Y recordábamos a algunos personajes que a lo largo de los años se han convertido en parte del paisaje urbano, que deambulan por las calles poniéndose no sólo en peligro a ellos mismos, sino al resto de la colectividad puesto que en ocasiones pueden ponerse agresivos.
Todos los días, cuando pasamos en auto o en transporte colectivo por el crucero del boulevard Hidalgo con Río Purificación, podemos ver en el camellón central a un individuo alto, calvo y obeso, con dos naranjas que se pasa de mano a mano como haciendo malabares.
No se sabe qué pasa por su mente, pero de vez en cuando levanta los brazos y se coloca en posición de fisiculturista.
Otro célebre personaje es «El Matemático». Se supone que ésta persona en un tiempo fue un destacado profesor de escuela, pero engañado por su mujer, llegó a perder la cordura.
En un artículo del periódico La Verdad, de Ciudad Victoria, se lee lo siguiente: «Otro personaje ensimismado en sus propias cavilaciones, pero erudito en ecuaciones matemáticas era Darío, «El Matemático». Darío recorre las calles de la ciudad, siempre pidiendo un cigartito, traía en la mano una libreta donde garabateaba números y trazaba polígonos, una y otra vez desmenuzaba el Teorema de Pitágoras. Algunos chamacos de cábulas se acercaban con la tarea que encargaba el profesor de Matemáticas para que Darío la hiciera a cambio de un peso o un cigarro. Se contaba que «El Matemático» fue un profesor de astrofísica, pero que por un engaño de su mujer dejó todo y se arrojó a las fauces de las calles. Su mente se suicidó».
El mismo artículo hace mención de otros famosos dementes, como «El Ecoloco», individuo desaliñado que vagaba por las calles vestido con sucios harapos.
«Ramiro», por otra parte, era o es un vagabundo que frecuenta la plaza Niños Héroes, de la colonia Longoria, con un carrito de supermercado repleto de basura.
Acostumbra decir a las personas: «Ramiro no está loco, ¿verdad?», y sigue su camino, empujando el carrito.
Había también otro demente, joven él, que se ponía frente a las tiendas de discos de la calle peatonal Hidalgo.
En cuanto la empleada ponía una pegajosa melodía tropical en el altavoz, se agarraba a bailar con cadencioso ritmo, a cambio de un peso. De ahí le venía el mote de «El cumbias».
«Juanito Reversas» era, por su parte, un sujeto de edad mediana, delgado, con los ojos inexpresivos.
Caminaba a lo largo del boulevard Hidalgo todos los días, con una característica muy particular: Daba cinco pasos en una dirección y luego desandaba tres o cuatro, para después continuar en el sentido opuesto.
«Mil Máscaras», por su parte, era un sujeto que pedía comida en la peatonal. A cada persona que veía le decía: «Tú eres el Santo», o «Tú eres Blue Demon».
Los maloras del sector le preguntaban: «¿Y yo quién soy?» Y él contestaba, luego de cavilar durante unos segundos: «¡Mmmmm! Tú eres el Huracán Ramírez».
¿Y quién no recuerda a Pancha la Loba? Era una anciana que solía colarse a los desfiles del 16 de septiembre ataviada con unas largas enaguas elaborada con tela de colores verde, blanco y rojo.
Solía llevar una matraca en la mano y a cada persona que intentaba sacarla le recordaba a su mamacita santa, así que con el paso del tiempo las autoridades lo tomaron como algo natural, ¡y hasta el Presidente de la República Miguel de la Madrid la saludó de mano!
Habiá al lado de mi casa, allá, en la colonia El Chaparral, cuando yo era un pegaso bisoño, una familia de dementes compuesta por la madre y los dos hijos. Vivían de la caridad pública y uno de ellos, por agresivo, siempre estaba encadenado a un barrote. Se llamaba Polo.
El otro hermano, Chuy, más tranquilo, se iba al centro donde buscaba su alimento diario entre los botes de basura.
En la noche, de repente Chuy se quejaba por los intensos dolores de estómago que le causaba la comida echada a perder.
Entonces, su hermano Polo le gritaba: «Ya cállate, Chuy el loco».
La tragedia de esas personas, abandonadas por sus familiares, nunca la llegó a conocer la opinión pública, al menos no hasta ahora: Ambos dementes violaban a su propia madre, y con el paso del tiempo, las enfermedades y el olvido, fueron falleciendo uno a uno hasta quedar sola la vieja casucha donde vivían, allá, por el rumbo del libramiento Echeverría.
Yo le preguntaba al doctor Amadeo, quien es Director de la Casa de Psiquiatría de Reynosa, qué es lo que se hace con las personas afectadas de sus facultades mentales que aún deambulan por las calles y me dijo:
-Mira, Pegaso: Nosotros podemos atenderlos en la Casa de Psiquiatría, pero nos falta una ambulancia y personas capacitado para trasladarlos.
Ojalá, quizás, la nueva clase política ponga más atención a éste tipo de instituciones. Nunca se sabe cuándo vamos a caer en una de ellas.
Nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: «Lo establezco en una posición dada, sin embargo, la persona de género femenino lo moviliza a otro sitio. /Estoy demente y ella está alienada». (Yo lo coloco y ella lo quita/Yo loco loco y ella loquita).




