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AL VUELO-Grito

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Por Pegaso
Andaba yo volando allá, sobre la plaza principal Miguel Hidalgo, viendo desde arriba la cantidad de gente que se juntó para presenciar la ceremonia del Grito de Independencia: Madres con sus retoños en brazos, papás cargando en hombros a sus vástagos, jovencitas repletas de hormonas, halcones con radios…, en fin, todo era algarabía y bullicio en la explanada de la plaza.

Y es que la ocasión se presta para celebrar, porque han de saber mis dos o tres lectores que el mexicano celebra por todo y para todo.

Un entrañable amigo me habló por teléfono para ¡desearme feliz Día de la Independencia!

Es algo así como el síndrome de abstinencia, y después del año nuevo, el día de las madres, el día del niño y las vacaciones, como que viene una laguna donde no hay jolgorio a la vista.

Y claro. Llega el 15 de septiembre y saltan en nosotros los sentimientos patrios. Sale fácilmente el «ajúa» y el «¡Viva México, cabrones!»; nos vestimos de panchos o adelitas, les ponemos banderitas a nuestros coches y nos sentimos más mexicanos que el mole.

Decía pues, que al estar en la plaza principal, enmedio de aquel gentío, deveras que se sentía el fervor patrio y se me ponía la piel de gallina al recordar la gesta heroica de los héroes independentistas.

La ceresa en el pastel fue cuando el alcalde Pepe Elías salió al balcón de la presidencia junto con autoridades civiles y militares para dar el tradicional grito, vitoreando a los próceres patrios.

Y momentos después el espectáculo de juegos pirotécnicos.

Hasta tuve que correr a refugiarme para que los restos de los cohetones no quemaran mis blancas e inmaculadas alas.

Un soldado que estaba a un lado de la plaza me comentó: «Pegaso, así es como se escuchan las peloteras».

En fin, tal fue la manera en que los reynosenses celebramos las fiestas de Independencia.

Y yo me pregunto, ¿en verdad hay algo qué celebrar?

Dicen los que saben que la historia de México es una gran falacia, que los héroes que nos han inculcado en las escuelas son tan humanos como cada uno de nosotros y tuvieron sus debilidades, aciertos y errores.

Por ejemplo, aseguran que Miguel Hidalgo estuvo casado y engendró varios hijos.

Le pregunta la maestra a Pepito:
-«A ver, Pepito, ¿puedes decirme algo acerca de Miguel Hidalgo?»
Y el precoz infante le contesta:

-«Sí maestra. Miguel Hidalgo estaba casado».

-«Por qué dices eso? En los libros de historia no lo mencionan…

-Sí lo mencionan, maestra. Dicen: Miguel Hidalgo… y costilla.

Abundan las referencias históricas sobre las rencillas que había entre los adalides de la independencia nacional, donde Allende intentó envenenar a Hidalgo y mil historias más que son poco conocidas por el grueso de la población.

Luego de 206 años la Independencia sigue siendo una quimera. Dependemos de los gringos, del Fondo Monetario Internacional, estamos acotados por un sistema político corrupto y corruptor, la delincuencia organizada está más fuerte que nunca y el salario alcanza cada vez menos para cubrir lo básico.

Sólo nos queda el humor. El humor negro. Eso es lo que celebramos en éstas fechas, y para muestra no uno, sino dos memes que me encontré en el chat de Pegaso, verdaderas aportaciones culturales de mis amigos que gustan de intercambiar su ideas en ese espacio virtual:

1.- «Mexicanos al grito de peeeedaaaa, el brasero a prender el carbooooón y que traigan la carne y las chelaaaaas, porque me urge empezar el fiestón. Y que traigan la carne y las cheeeelas porque me urge empezar el fiestón». (Música de Jaime Nunó, con una adaptación muy náis de las estrofas del Himno Nacional de Francisco González Bocanegra).

2.- «El mexicano no es amigable, es a toda madre.

El mexicano no insulta, te recuerda la mamá.

El mexicano no descansa, hecha hueva.

El mexicano no se emborracha, se pone pedo.

El mexicano no pelea, te rompe la madre.

El mexicano no dice que no, te manda a la chingada.

El mexicano no hace el amor, te coge chido.

El mexicano no festeja, hace un desmadre.

El mexicano no hace mal las cosas, la caga.

El mexicano no se molesta, se emputa.

El mexicano no fastidia, te chinga.
Y aquí nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: «No existen dos nacionalidades con las características de los Estados Unidos Mexicanos». (Como México, no hay dos).

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