Por Pegaso
Volaba yo ayer por la plaza principal, pues quedé de verme en un restaurant con mi buen amigo, el contador y ex aspirante a la presidencia municipal, Marco Antonio Elejarza para hablar de impuestos y política.
En el tema de los impuestos, me dijo que vienen cambios en la ley para apretar un poco más la tuerca y sacarnos la mayor cantidad posible de dinero a los mexicanos que sí pagamos nuestras contribuciones.
Eso me recordó aquel cuentecillo que dice:
Un cantinero detrás de la barra, aburrido de ver a los parroquianos sentados en las mesas, jugando naipes o charlando animadamente, decide hacer un concurso para ver quién puede sacar más jugo a un limón.
Convoca a los clientes y les propone el susodicho certamen.
Corta un limón a la mitad y hace pasar al primer tipo, un tipo delgado pero correoso, con cara de pocos amigos. Toma el limón y empieza a exprimirlo sobre un vaso. Después de unos momentos lo entrega al cantinero y todos aplauden, porque el jugo llegó hasta la cuarta parte.
Y así, van pasando de uno en uno, hasta que toca el turno al último de los parroquianos, un fortachón de casi dos metros de alto. Este aprieta el limón y el vaso llega hasta las dos terceras partes, entre la admiración y el aplauso del público.
El cantinero iba a entregar el premio prometido, cuando alguien hace la observación de que aún falta uno por probar suerte.
En la esquina del tugurio, casi invisible, un hombre pequeñito, de traje y corbata, con su sombrerito gris y el semblante pensativo, tomaba su copa sin apuración alguna.
-¡Venga, hombre!-le dice el cantinero. ¡Venga a probar suerte!
Alzando los hombros, el alfeñique llega a la barra, toma el limón y empieza a exprimirlo, no sin una sonrisa de burla en el resto de los contertulios.
Sin embargo, el vaso se va llenando, llega a las dos terceras partes, sobrepasa la marca del fortachón y finalmente, se llena.
-¡Pero…, pero…, pero cómo le hizo, buen hombre!-le pregunta el cantinero.
-Es que soy auditor de Hacienda,-contesta el hombrecillo sin inmutarse.
Decía queElejarza también traía el tema de la política. Dijo que ante los dos intentos fallidos por ser candidato independiente, donde en ambas ocasiones la autoridad electoral canceló su legítimo derecho a participar en los procesos electorales, buscará ahora por la vía de los partidos políticos, a ver si así logra llevar sus propuestas al Congreso.
Y se quejaba de que mientras a otros los ayudaron con las firmas, él tuvo que buscar el apoyo ciudadano con sus limitados recursos propios.
Ahí, en el mismo café, saludé un poquitín después a otro buen amigo, Othoniel Ochoa Guerrero y a la diputada local electa Ana Lidia Luévano.
Ambos charlaban en una mesa, posiblemente sobre las incidencias de la pasada elección local, no lo sé porque no se los pregunté.
Ana Lidia tuvo la gentileza de concederme una entrevista en la cual señaló que durante sus recorridos por el Distrito 7, que corresponde al suroriente de la ciudad, la gente no le preguntaba sobre su futura labor legislativa, sino que querían que les ayudara a resolver los problemas de agua, drenaje y basura, entre otros.
Dijo que a partir de octubre, una vez que ocupe su curul, tiene el compromiso de volver a su distrito para dar seguimiento a todas esas peticiones, y aunque no corresponde a un diputado resolverlas, sí podrá ser intermediaria con la autoridad municipal, que será la alcaldesa Maki Ortiz Domínguez para que la problemática planteada se pueda resolver.
Yo, como Pegaso pragmático que soy, le comenté, sin intención de contrariarla:
-Desgraciadamente los mexicanos somos muy flojos,-licenciada. Muchas de las veces, si tenemos un solar baldío enfrente de nuestras casas, vamos y tiramos la basura en él.
-Sí,-replicó la flamante diputada. Pero también la autoridad es responsable, porque no pasan los camiones de basura.
-¡Caray!-le respondí. Incluso en esos casos somos perezosos y faltos de imaginación porque alguien puede habilitar algún vehículo y ponerse a recoger la basura, cobrando por el servicio, y hasta se ganaría una feriecita extra.
No aprobó al cien por ciento dicho comentario, pero prometió que una vez en el Congreso gestionará para que la Presidencia Municipal arregle todos esos entuertos y que la gente viva feliz y contenta por el resto de sus días.
-Es cuestión de idiosincracia,-proseguí. ¿Sabe lo que hace el ciudadano común en Japón cuando ven una basurita tirada en la calle? Va, toma la basurita y la deposita en el lugar apropiado.
Aquí hacemos lo contrario. Vemos un montón de desechos y tiramos más, hasta hacer una montaña de basura.
Si vemos una cáscara de plátano en la banqueta, le sacamos la vuelta para no resbalar.
Si vamos en el coche comiendo un chocolate o masticando un chicle, los tiramos por la ventanilla.
¡Ahhhh! Pero cuando pasamos el puente hacia McAllen, nos cambia la idiosincracia, porque allá hay multonas de hasta 400 dólares incluso por escupir en la vía pública o mirar feo a un agente de la policía.
Sí. Es loable que un integrante o integranta (como dice Fox) del Congreso tenga la intención de solucionarles los problemas a sus representados.
Yo, en mis continuos vuelos por sobre las colonias populares de Reynosa, veo con tristeza que hay muchas plazas públicas conla hiuerba muy crecida, con las bancas rotas y llenas de basura.
Quienes viven alrededor esperan infructuosamente que las autoridades hagan la chamba, pero no hay ni siquiera un asomo de intención para organizarse ellos mismos y darle de perdida una barridita.
Me dan ganas de llamar a mi cuatacho Gustavo Cárdenas para que se traiga su escoba, puesto que ya no la usará para barrer a las ratotas.
Ya me despedía, pero don Othoniel me insistía en que viera un comentario que envió a mi Face con relación a una columna anterior.
Lo leí y me pareció sincero. Creo que viniendo de uno de los políticos más inteligentes de Reynosa, como lo calificó en alguna ocasión el siempre bien recordado columnista Benjamín Tamez, suena a elogio.
Aunque me diga que antes me consideraba un pendejo y ahora ya no tanto.
Vale.
El dicho mexicano estilo Pegaso dice así: «Observas la viruta en el globo ocular de otros individuos, más ignoras el enorme trozo de madera que afecta el tuyo». (Miras la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio).




