Por Pegaso
Andaba yo volando allá, cerca de la estratósfera, toreando a los aviones de Viva Aerobús, Aeroméxico y otras líneas aéreas, ya que en los últimos años se ha multiplicado la cantidad de vuelos que van y vienen a la capirucha, llevando y trayendo un titipuchal de gente.
Y desde allá arriba se escuchaban los lamentos de la gente por el fallecimiento de «El Divo de Juárez», Juan Gabriel.
Lo confieso: Jamás me gustó como cantaba, nunca fui su fan, pero reconozco que se trató de una de las grandes figuras del escenario artístico mexicano durante muchas décadas.
Allá, en mis tiempos de pegaso adolescente se escuchaban en la radio canciones como «Mi guitarra», «Buenos días al amor», «Hacen bonita pareja» y muchas otras más que fueron grandes éxitos.
A pesar de que desde sus inicios se notaba su tendencia gay, las jovencitas se arremolinaban en sus conciertos, mientras los hombres muy machos teníamos que aguantar su atiplada voz a cada momento, en cualquier lugar.
En tanto que en el entorno internacional brillaban figuras como Raphael, Julio Iglesias y Roberto Carlos, México tenía a Juan Gabriel como máximo representante de la balada romántica.
Recuerdo que en cierta ocasión mi hermana y unas primas acudieron a un concierto de Juanga en el entonces popular cine Juárez, ubicado en la calle del mismo nombre del centro de la ciudad. Alternaba con Cornelio Reyna.
Tuvieron que hacer una enorme cola para entrar, pero había otra más larga, al término del concierto, para saludar y pedir autógrafos.
Total, el divo se marchó sin atender a la mitad de la muchachada, y se quedó Cornelio Reyna firmando autógrafos.
Las tres llegaron a mi casa muy felices y sonriendo.
«¿Qué pasó?»,-les preguntó mi madre.
«Nos fue muy bien-comentó una de ellas-; Cornelio Reyna nos dio un beso».
Y el episodio quedó como una jocosa anécdota familiar.
Creo que mi aversión hacia Juan Gabriel no era tanto por su orientación sexual sino por el papel de diva que tomó casi desde el inicio de su carrera.
También recuerdo que en los tiempos de mi juventud se transmitía en el Canal 2 de Televisa una comedia llamada «La Criada Bien Criada», estelarizada por María Victoria, Alfonso Sayas y Borolas, donde aparecía por primera vez en la televisión un joven imberbe de mirada tímida y rostro apocado.
Siempre traía en la mano su guitarra, así que durante muchos episodios se trataba de que los protagonistas ayudaran a Juan Gabriel a llegar a la televisión para que éste pudiera mostrarle a México sus canciones y su música.
Inocencia de la Concepción de Lourdes Escarabarzaleta De la Barquera y Dávalos, Procuna Desenbuzanadorcita…, como decía María Victoria que se llamaba su personaje, finalmente logró colocar al jovenzuelo en un programa de TV y éste empezó a tener éxito.
Pero fuera de la comedia, su música empezó a invadir prácticamente todos los rincones del país.
En aquel tiempo no se hablaba mucho de su tendencia gay, pero cuando empezó a cantar aquellas canciones como «Yo no nací para amar», «Hasta que te conocí» y otras por el estilo, a muchos ya no les cupo la menor duda.
Y más cuando se escuchaba en la radio aquella pegajosa melodía: «Vamos al No-a, no-a, no-a, no-a…,» que repetida muchas veces se convertía en una palabra tabú.
Juan Gabriel marcó una época en México y en Latinoamérica, ni duda cabe.
Nació con el nombre de Alberto Aguilera Valadez, en Parácuaro, Michoacán, el 7 de enero de 1950 y falleció ayer, 28 de agosto, víctima de un infarto.
Inició su carrera en 1971, y desde entonces, se le reconoció en todo el mundo latino como el cantautor más prolífico, el más cantado a nivel mundial y con las mayores ventas con más de 200 millones de copias vendidas de sus discos.
Hoy, a unas horas de su fallecimiento, Juan Gabriel sigue siendo negocio. Las principales empresas televisivas se pelean la atención del gran público al transmitir especiales, entrevistas, comentarios y pasajes de la vida del «Divo de Juárez», como se le conoció en vida.
Creo que el epíteto está mal aplicado. Debió llamarse «El Divo de Parácuaro», pero parece que en un tiempo prefirió que se le asociara con la fronteriza ciudad de Chihuahua para no recordar su humilde origen.
Recientemente, un canal televisivo realizó una producción en el formato de novela que se llama: «Hasta que te conocí», donde relata la vida de Juanga desde sus inicios.
Tal vez los productores ya presentían, o sabían de la delicada condición del cantante, pero la serie logró atraer a miles o millones de nostálgicos.
Ahora, con su muerte, el éxito está garantizado y las ventas de la compañía se van a disparar.
A final de cuentas, negocios son negocios.
Finaliza esta colaboración con el refrán estilo Pegaso: «Carezco de suficiente poder adquisitivo, de tal manera que me veo imposibilitado para entregar cualquier apoyo o subsidio económico». (No tengo dinero, ni nada que dar).


