Por Pegaso
Apoltronado en una cómoda nubecilla viajera, veía yo en un periódico local una caricatura donde aparece un dinosaurio con el nombre del nuevo dirigente nacional del Partido Revolucionario Institucional, Enrique Ochoa Reza, quien se dirige a otro reptil prehistórico con las siguientes aladas palabras: «El PRI, para cambiar, necesita una buena sacudida». Y arriba de ellos, una pregunta que dice: «¿Aerolito?», en clara alusión a la teoría más popular sobre la desaparición de los dinosaurios, y al mismo tiempo, a la idea generalizada de que el PRI ya parece más una pieza de museo que un partido político.
La imposición de Ochoa Reza como Presidente del Comité Ejecutivo Nacional del rEvolucionario Institucional fue una pieza de humor negro.
Alguien desde muy arriba se está divirtiendo con todos nosotros, con los mexicanos, porque no es posible que un personaje que llega con el estigma de aumentar un 8% el servicio de energía eléctrica, quiera ser el salvador de un partido que a huevo requiere del apoyo popular para lograrlo.
Ví otra viñeta donde Ochoa Reza dice algo más o menos así: «Estoy esperando a subir la luz para después ir al PRI a prometer que bajará».
Se los dije: Humor negro.
Creo en lo personal que el personaje que se está divirtiendo como enano con la desgracia del pueblo es el ex presidente Carlos Salinas de Gortari pupilo del actual mandatario Enrique Peña Nieto.
¿Cómo diablos pretenden que alguien que asestó un golpe fatal a la economía de los ciudadanos se convierta en su salvador?
El PRI necesitaría un milagro para lograr un giro de timón y volver a ser lo que fue antes del 2000.
O tal vez el plan no es ese.
Los moneros, esos personajes que nos hacen reir en periódicos y revistas con sus ocurrencias que plasman en una caricatura, de humor chispeante y a veces corrosivo, nos hacen a veces reflexionar sobre los temas de actualidad.
Uno de los primeros en llegar al gran público fue Rius, con Los Agachados y le siguieron una pléyade de dibujantes, cada uno con sus personajes y características propias.
En tiempos de Rius, por ejemplo, se popularizó un personaje icónico del sistema político nacional, o del PRI: El Tapado.
En poco tiempo todos los moneros manejaban la figura de un hombre con traje negro y una capucha del mismo color sobre el rostro, que impedía identificar al «bueno» para un cargo de elección popular, generalmente para Presidente de la República.
A mí, en lo personal, me encantan Jis y Trino, no por lo lindo de sus dibujos, sino por la picardía que le imprimen a sus trabajos.
Sobresale, por supuesto, la seudo historieta de El Santos, inspirada en Santo, el Enmascarado de Plata.
Desfilan en la misma personajes como el propio Santos, la Tetona Mendoza, el peyote Asesino, los Zombis de Zahuayo y las Poquianchis del Espacio.
Estaba el Santos un día…, es la entrada reiterativa que utilizan los moneros para introducir al público a la historieta.
Jis y Trino son, hoy por hoy, los más populares caricaturistas del país, pero también hay otros, como Qucho, Pacote, Magú, Alarcón, Terrazas, Calderón, Helioflores, Carreño, Naranjo, Covarrubias, Quezada y El Fisgón.
Periódicos como El Universal, El Norte, Reforma, Excélsior, Unomasuno y revistas como Proceso, Impacto y Nexos, no serían lo que son si no fuera por los moneros, que nos hacen reflexionar todos los días con sus viñetas.
Aquí nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: «Pretendes amamantarte y de manera simultánea, golpear el vientre con la parte frontal de la cabeza». (Quieres mamar y dar topes).

