Por Pegaso
Sentado en mi mullido cumulonimbus, me puse a ver los mensajes que llegan al WatsApp, sobre todo ahora que mi amigo Aldo Hernández ha abierto un nuevo grupo para mantenernos al día en la información generada desde el Gobierno del Estado.
Decía pues que, viendo la información que subieron algunos amigos me dí cuenta de un cuadro de multas de tránsito -que supuestamente emitió el Ayuntamiento de Reynosa- para advertir a los automovilistas del titipuchal de lana que tendrán que pagar si algún mordelón agente vial descubre que van sin el cinturón de seguridad, si van chateando y manejando, si van atrapando pokemones o si se pasan algún alto.
Y por ejemplo, la multa más alta es de 8,298 varos por conducir en estado de ebriedad o intoxicado, además de arresto administrativo conmutable de 20 a 36 horas; también tendrá que pagar 4,446 pesos el que sea sorprendido utilizando el teléfono celular o dispositivo de comunicación mientras el vehículo esté en movimiento (aquí no especifica si el que usa el dispositivo es el conductor o alguno de los pasajeros).
Serán 3,398 morlacos para el que circule sin placas o con permiso vencido y al que no respete las señales de alto en un semáforo o esquina.
El cuadro viene acompañado con el logotipo de Reynosa y la frase: «¡Proyecto de todos!», con colores azules.
En la parte inferior se indica que toda multa será videograbada «en fraganti», y en caso que el infractor no esté de acuerdo, puede presentar su evidencia videograbada o fotografiada donde demuestre su inocencia.
Ahhh, y además se señala que para evitar actos de corrupción, el 10% de las multas se entregará a los cumplidos y abnegados elementos de tránsito.
Por supuesto, los comentarios no se hicieron esperar:
-Estos son los vientos de cambio.
-Como en EEUU, dolerá pagar, estaremos ordenados. Falte ver si los agentes lo aplican.
-¿Y cuánto les cobraremos a ellos por la falta de ortografía? (Tres caritas de sorpresa).
-Exacto. No existe «en fraganti».
-Jajajaj, Hay que empezar a la de ya porque está crítico el asunto.
-¿Y los chocolates spa?
-Apá.
-Y el permisio del vehículo.
-¿A poco se van a acabar las «atenciones»?
-¿A qué se referirán?
-¿Van a seguir igual? O valen las de la UPD y obapafa.
-Onapafa.
-Pues no especifican qué placas.
-¿Qué esperaban? La anterior administración se roba grandes cantidades y los habitantes de esta ciudad pagan los platos rotos, y la nueva Adm. necesita dinero para gastar. Jajajajaja.
-(Cuatro caritas de asombro).
-Es necesario… pero empezará una cacería brutal.
-¿Alguien sabe si es información oficial lo de las multas de tránsito?
Ni tardos ni perezosos, voceros de la Presidencia Municipal se dieron a la tarea de desmentir la publicación: «La imagen que circula en redes sociales sobre una supuesta lista de tarifas de multas de Tránsito en Reynosa es falsa.
Aunque esas faltas administrativas están contempladas en el reglamento, el Departamento de Tránsito y Vialidad y el Ayuntamiento de Reynosa no han emitido esa información.
En días posteriores se dará a conocer el plan de trabajo oficial de esa área de gobierno».
Creo que soltar la jauría en este momento sería exponerse a las críticas de los que dicen que se trata de medidas recaudatorias.
Lo cierto, lo cierto, es que estamos muy mal acostumbrados como ciudadanos y como conductores.
Solamente con pasar a Estados Unidos, nuestro comportamiento es muy diferente, porque allá las multas sí son efectivas, y no de 4,446 pesos (equivalente a 220 dólares), sino de miles de billetes gringos por manejar ebrio o por pasarse un alto.
Ahorita nos vale madres. Nos pasamos alto, no hacemos caso de los señalamientos viales, nos estacionamos en el lugar de los minusválidos, vamos manejando y mandando mansajes y le mentamos la mamacita al que nos rebasa.
No hay cultura vial.
Estaría bien que se empezaran a aplicar esas multas, previo a un programa de difusión y culturización, porque como todos sabemos, sobre aviso no hay engaño.
¡Ahhh, qué tiempos aquellos en que te paraba un cumplido agente vial y te arreglabas ahí mismo con un moche!
Los barrigoncitos y prietitos elementos de tránsito se escondían detrás de un árbol, camuflageados, y te salían de repente con el silbato y la libreta en mano.
Tú te quedabas sorprendido porque no esperabas verlos ahí, delante de tí.
Cualquier motivo era bueno para bajarte una lana, desde circular sin placas, vidrios rotos, focos defectuosos…, y si no hallaban ninguna infracción te acusaban de que les echaste el auto encima, como muy frecuentemente ocurría por lo intempestiva de su aparición.
-¿Qué pasó, oficial?-le decías cuando te llegaban a parar.
-Se pasó un alto, jovenazo.
-Hombre, no lo ví, ha de ser nuevo…
-No, qué va, ya tiene varios días.
Para esto, el tránsito se acercaba a la ventanilla del conductor y se recargaba con las manos hacia el interior de la cabina…
-Entonces, ¿cómo nos vamos a arreglar?-decía.
-Pos orita no traigo mucha lana, ¿qué le parecen cincuenta pesos?
-Ja, ja. Eso no sirve ni pa’ l chesco, jovenazo. Súbale a doscientos varos y ahí quedamos.
-Chin…, bueno, ahí le van.
Y asunto arreglado.
Si no querías el arreglo rápido, tenías que ir a la oficina de tránsito donde generalmente te hacían esperar hasta que llegaba el agente con la multa.
Tras pagar la sanción, te enviaban al corralón, que generalmente era concesionado a un particular y éste te bajaba el doble o el triple, si bien te iba.
Todo estaba pintadito para las prácticas corruptas donde todos estábamos involucrados.
Así que mejor nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: «Ejemplar de Canis familiaris que emite sonidos guturales agudos y repetitivos, no suele causar heridas punzantes con los caninos al ejercer presión con sus mandíbulas sobre alguna parte del cuerpo humano». (Perro que ladra, no muerde).

