Por Pegaso
Andaba yo batiendo mis blancas e inmaculadas alas allá, en la estratósfera, sintiendo los efectos del frente frío número diez y pensando a la vez qué les podré ragalar a mi Pegasita de navidad con el dólar tan caro y mi cartera tan vacía.
Recordaba también las recientes palabras que emitió la alcaldesa de Reynosa, Maki Ortiz, en torno a que es víctima de violencia política, pero que a final de cuenta quedó como violencia de género porque la mujer que destaca en política o en cualquier otra actividad humana inmediatamente es blanco de la misoginia.
Creo, sin embargo, que aquí las mujeres están en la gloria.
No pretendo minimizar el hecho de que sí, efectivamente, todos los días y a toda hora existen manifestaciones de violencia verbal y hasta física hacia el sexo débil, que en realidad no es tan débil porque aguantan cada cosa que pa’ qué les cuento.
En los separos de la antigua policía preventiva se escuchaban historias como esta: Una mujer que recibió una tunda de su viejo lo acusa de agresión y lesiones. El sujeto de marras es enviado a chirona y hasta sale en los periódicos.
Y a pesar de que la dama en mención quedó como Santo Cristo, toda ensangrentada por los mamporros y patadas en las donas (frase inmortal de El Gordo Elías), llega a la mañana siguiente para pedirle al juez que saque a su viejito lindo, porque es el que lleva la papa a la casa y porque además sintió el lecho conyugal muy vacío.
No. Para violencia contra las mujeres, en los países del Medio Oriente y Africa.
En varios países africanos aún se acostumbra la ablación, es decir, la extirpación del clítoris y labios vaginales de las jóvenes para evitar que sientan placer durante el coito. Con eso se garantiza que sólo el hombre tenga derecho al gozo sexual y la mujer se conserve como una máquina de hacer hijos.
En los países árabes la mujer tiene que pedir permiso hasta para echarse un pedo.
Recientemente leí un artículo de The New York Post donde entrevistaron a un buen número de mujeres de Arabia Saudita sobre el tipo de vida que llevan en su país.
Algunas justificaron el trato que reciben, pero otras definitivamente se rebelaron y manifestaron su deseo de que algún día lleguen a cambiar las cosas.
Por ejemplo, una de ellas, de 24 años, dijo: «No nos permiten siquiera ir al mercado sin permiso o algún acompañante, y eso es sólo un pequeño detalle dentro de la larga y horrible lista de reglas que debemos obedecer».
«La guardia masculina hace que mi vida sea un infierno. Queremos salir con nuestras amigas, salir a almorzar afuera. Me siento desesperanzada»,-dijo una joven de 19 años.
«No me importa necesitar la aprobación de mi padre en cosas en las que él debe participar. Ustedes nunca entenderán estos lazos sociales tan fuertes»,-comentó otra que se siente a gusto con los madrazos que recibe de su guardia masculino cuando no obedece lo que le mandan.
Otra cuenta que una vez tuvo un accidente en un taxi y se estaba desangrando. La ambulancia no quiso atenderla hasta que llegó su guardián y les dio permiso de tocarla. Unos minutos más y hubiera muerto en la calle.
«Mi hermana fue a una librería sin el permiso de su esposo. Cuando regresó él la golpeó sin cesar»,-aseguró otra de las encuestadas.
Lo peor es que la misma ley permite todas esas atrocidades. Una ley emanada del Corán, la biblia de los musulmanes.
Y eso es en Arabia Saudita, donde se supone que están un poquito más civilizados que en el resto de los países medio orientales.
En La India, se arreglan matrimonios entre menores de edad, pero también entre menores y mayores.
Es común ver bodas colectivas donde una niña de nueve o diez años porta un vestido de novia y es acompañada por su esposo, un sujeto de cuarenta, cincuenta o sesenta años que tuvo el suficiente dinero para pagar la dote.
Diferentes en el aspecto fisiológico, con menor masa muscular, tiene la mujer sin embargo los mismos derechos naturales que el hombre.
No podemos nosotros, con nuestra mentalidad occidental, comprender efectivamente los lazos sociales que unen a los individuos de aquellos países y que a nosotros nos parecen aberrantes.
Sin embargo, recordemos que hasta hace muy poco incluso en México había una marcada discriminación hacia la mujer, y apenas el 17 de octubre de 1953, se les concedió el derecho al voto.
Claro, en mi casa yo llevo los pantalones y siempre digo la última palabra: «Sí, mi cielo».
Por eso aquí los dejo con el refrán estilo Pegaso: «En el lugar más ajustado no es posible que ocurran escurrimientos de fluidos». (Donde aprieta no chorrea



