AL VUELO-Olimpiadas

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Por Pegaso

Andaba yo volando allá, por el rumbo de la calle Juárez porque quería ver el partido de futbol olímpico de México contra Islas Fiji, que equivale a jugar contra la selección del asilo de ancianos del DIF.

El juego empezó normal, con jugadas grises por ambas partes, y de repente, México dejó de tener el balón. Los fijeños se fueron para arriba, presionando constantemente a la defensa mexicana, hasta que los agarraron fuera de base y metieron el gol.

Durante todo el primer tiempo la selección mexicana jugó horrible. Los comentaristas se le fueron a la yugular porque se pensaba desde un principio que sería un juego fácil y se anticipaba una goliza.

«¡No puede ser!»-decía un locutor. «¿Pos de qué se trata?»,-gritaba el otro.

Y así se fue el primer tiempo, con un equipo mexicano que no mostró nada. Es más, ahí mismo fue catalogado como el peor de todos los tiempos y el síndrome de los «ratoncitos verdes» volvió a aparecer por el momento.

Pero en el segundo tiempo todo fue diferente. Empezaron a caer los goles uno tras otro, hasta llegar a cinco, y un apabullado equipo de Fiji lo único que quería era que acabara el encuentro.

¿Qué fue lo que pasó? ¿Estrategia?¿Magia?¿Milagro?

¡Nooooo! Lo que pasó es que en el primer tiempo los fijeños dieron todo lo que tenían y en el segundo tiempo se desinflaron. O sea, los agarramos cansados.

Nótese que ya en los goles 3, 4 y 5 del equipo de México, los isleños apenas podían con su alma. Solamente corrían detrás del balón por inercia y ya ni el portero hacía la lucha por parar el balón.

En conslusión, el equipo de futbol de Fiji es tan malo que no saben administrar sus energías. No se toman su Chocomilk, como recomienda Pancho Pantera.

No quiero imaginar qué les espera con Alemania cuando les toque jugar con los teutones.

En los Juegos Olímpicos de Brasil, no nos está yendo nada bien, incluyendo en el futbol.

Llevamos cero medallas hasta ahora y pocas esperanzas de superar los logros de ediciones anteriores.

La esperanza está en aquellos deportes en los que México es sobresaliente, por ejemplo:

-Tiro con narco.

-Clavados de cuchillo.

-Lanzamiento de granada.

-lanzamiento de jaibolina.

-Levantamiento de chela.

-Persecución a campo traviesa, etc.

Alguien por ahí escribió que no hay esperanza siquiera en esas actividades porque en los Juegos Olímpicos no se permiten profesionales. ¡Ja!

Pero analizándolo bien, México, como otros países tercermundistas cuyos gobiernos están más interesados en atender los temas de seguridad y economía, poco apoyo dan al deporte de alto rendimiento.

La gran mayoría de los atletas que logran colarse a los Panamericanos o incluso, a los Olímpicos, lo hacen con recursos propios.

En Estados Unidos, en Rusia, en China, en Japón y en otras grandes potencias del deporte mundial, el deporte de élite es asunto de Estado.

Aquí, si bien nos va, el gobierno construye un edificio de mediana importancia, como el Polideportivo en Reynosa, y después cobra la entrada como si se tratara de un exclusivo club privado.

Yo sostengo que todo deporte que se haga ahí debe ser gratuito y que sea el gobierno el que aporte los recursos necesarios para que los atletas no estén pensando que tienen que pagar la mensualidad.

Quise ir a nadar a la alberca y me cobraban 300 pesos de inscripción más 300 de mensualidad.

Con eso se me quitaron las ganas de ir a ese lugar a ensayar mi nado estilo mariposa, el de dorso y el de estilo libre.

La única opción que me dejan es volver al río Bravo, donde hay catanes de más de dos metros de largo.

Pero en Brasil no cantan mal las rancheras, o lo que canten por allá. Un país sumido en la depresión económica, en el pandillerismo, agobiado por el narcotráfico (dije Brasil), organiza uno de los más fastuosos eventos del mundo.

Tiraron miles de millones de dólares en algo que les aportará sólo el orgullo de haberlo realizado.

Mientras tanto en las calles, en las fabelas y en los barrios bajos, las manifestaciones de desaprobación se suceden, y el activismo del crimen organizado se incrementa.

Vamos a esperar para ver qué pueden hacer nuestros atletas en ésta justa mundial deportiva.

Lo menos a que podemos aspirar es que no hagan el ridículo.

Prueba tras prueba se ha visto que los mexicanos llegan a un límite y se desinflan, para dar paso a los atletas de países desarrollados donde sí se da un apoyo total al deporte.

Analicemos, desde el punto de vista alimenticio, cómo es que esos deportistas de élite llegan a brillar en las más altas tribunas del mundo:

Por la mañana, se levantan bien temprano. En el complejo deportivo donde entrenan, ya les tienen su desayuno, consistente en un homelettre de huevo premium, con supremas de naranja y vegetales orgánicos.

Después de pasarse cuatro o cinco horas en el gimnasio, viene la comida: Un filetote de salmón noruego, más jugo de naranja, arroz arbóreo con finas hierbas y los mejores postres elaborados por refinados chefs.

A media tarde viene el entremés, y por la noche, la cena, consistente en un yogurt griego con frutas de la temporada y su cream broulé que los deja chupándose los dedos.

En México y en otros países tercermundistas:

En la mañana, unos huevos refritos con frijolitos y medio kilo de tortillas.

A mediodía, su torta de jamón con aguacate y su refresco de cola.

A media tarde, una bolsa de Sabritas con soda de dieta, y por la noche, unos tacos de trompo con harta cebolla y chile. (Bucatto di cardinale).

¿Ven por qué no ganamos ni una medalla en los juegos olímpicos?

Mejor nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: «Hemos fracasado en éste encuentro deportivo a consecuencia de que no obtuvimos el triunfo». (Perdimos, porque no ganamos).

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