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AL VUELO-Papa

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Por Pegaso

Luego de realizar sus actividades programadas en su visita a la capital del país, el Papa Francisco I decide darse una vueltecita en limousina por las principales avenidas para conocer más de cerca las costumbres de su gente.

El chofer empieza el recorrido por Reforma y luego toma Insurgentes para que Su Santidad pueda apreciar con mayor detalle la belleza de la ciudad.

En eso, el Papa le dice al chofer: «Ché, yo quiero manejar un poquito, dejáme el volante».

-Pero, pero, pero…, Su Ilustrísima, usted no puede…

-¡Claro que puedo, pelmazo!¡ Yo soy el Papa!

Y quieras que no, el pontífice toma el volante y para sentir la adrenalina empieza a acelerar peligrosamente la limousina.

El Vítor, cumplido agente vial, ve desde lejos las peligrosas maniobras del vehículo y se lanza en su motocicleta en persecución del infractor.

Al alcanzarlo le marca el alto y el Papa se estaciona a un lado de la calle.

Al mirar de quién se trataba, el Vítor pide instrucciones a sus superiores:

-Con la novedad de que detuve a una persona muy influyente, pi, pi, píiiii.

-¿De quién se trata?¿El jefe de la policía?

-No. Alguien más influyente.

-A ver, ¿el Jefe de Gobierno?

-No, carnal, alguien más importante.

-¡Ah, caray! ¿El Presidente de la República?

-Negativo, le digo que es más importante.

-¿Más importante? ¡Pues debe ser Dios!

-¡Pues a lo mejor es Dios, mi jefe, porque trae de chofer al Papa. Pi, pi, píiiiii!
Estaba yo viendo los noticiarios allá, en mi mullida nube, gozando ya de los primeros calorcitos primaverales y no me pude aguantar las ganas de contar el clásico chiste del Papa cafre.

Y pues resulta que el Sumo Pontífice, la máxima autoridad de la Iglesia Católica, el Jefe de Estado Vaticano, nos vino a poner una regañiza a los mexicanos por corruptos y valemadristas.

Durante los primeros días de su estancia en México ha cundido por todos los rincones del país el fervor religioso.

«México es un país mayoritariamente católico»,-me decía alguien el día de ayer, y estoy de acuerdo.

Desde la época de la conquista, cuando el invasor español cambió sus espejitos por oro, ya se veía lo fácil que iba a ser introducir en México las nuevas creencias.

La virgen de Guadalupe fue una invención de los conquistadores para hacer más fácil el trabajod e explotarlos y sacar toda la riqueza para llevarla a España, y a su vez, España pagaba tributo al Vaticano.

El Vaticano es uno de los países más pequeños del mundo pero también uno de los más ricos.

Yo creo que si Cristo reviviera y se diera una vueltecita por la Basílica de San Pedro y viera todo el lujo en que viven sus representantes, se volvería a morir, pero de decepción.

En estos días el tema es la visita del Papa. Todos los espacios televisivos se ocupan de sus actividades y el pueblo de México está saturado con su figura.

En unos días más, luego que Su Santidad se retire a su principesca sede y nos deje con nuestros problemas habituales, volveremos a la triste realidad, con la violencia campeando en todo el país, con el precio del petróleo por los suelos, el dólar cada vez más caro y el salario cada vez más raquítico.

Queriendo o no, el Vítor tuvo que dejar que el Papa siguiera su camino sin haberlo infraccionado.
-¡Me dejó que le besara la mano, pi, pi, pïiiii!

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