Por Pegaso
Andaba yo volando allá, por el boulevard Hidalgo, cerca del edificio de la PGR, porque desde mi nubecilla viajera ví a un montón de gente que estaban rodeando una carroza fúnebre y bloqueando parte de la vialidad.
Se trataba de los familiares del joven Oscar Eduardo Ortega Rodríguez que fue abatido por balas militares, en una acción que tengo entendido se llevó a cabo el pasado viernes.
Los familiares aseguran que su hijo era inocente y que la evidencia le fue plantada por los soldados.
No conozco los detalles. Puede que sea verdad, puede que no.
De entrada, cualquier muerte es lamentable y más cuando se trata de una persona joven.
No puedo imaginar el dolor que siente una madre al ver a su hijo tirado en el suelo, envuelto en un charco de sangre.
Por desgracia, vivimos tiempos difíciles. México está en guerra, pero en una guerra no declarada.
Si el Presidente de la República se decidiese a emitir un decreto declarando el Estado de Guerra en el país, la población no estaría desprotegida y gozaría de algunos beneficios como:
-Toque de queda. Se establecería una hora determinada, generalmente las diez de la noche, para que la población se resguarde en sus hogares. Esto evitaría muchas muertes inútiles porque he visto que los jóvenes andan en las calles a las once, doce e incluso, muy de madrugada. Algunos padres conscientes les piden que mejor se queden en sus casas porque hay peligros allá afuera y ellos contestan: «¡Soy joven, tengo derecho a divertirme!» Y tienen mucha razón, pero también hay diversión de día. El toque de queda, definitivamente, ayudaría a salvar muchas vidas.
-Economía de guerra: El decreto presidencial evitaría que los comerciantes suban los precios de los productos básicos y por lo menos, la inflación estaría controlada. Comerciante que encarezca algún artículo, iría a la cárcel sin más ni más.
-Intervención de fuerzas de paz: En países bajo declaratoria de guerra, automáticamente intervienen las Fuerzas de Paz de la ONU y la Cruz Roja Internacional, con apoyos diversos a las víctimas y acciones de prevención.
Tenemos ocho años de guerra en México. Una guerra que para el Presidente no existe.
Por todo lo anterior, queda en los padres de familia la difícil responsabilidad de cuidar a nuestros niños y jóvenes.
Vamos a ver: En una investigación que hizo la Unidad Académica Multidisciplinaria Reynosa-Aztlán, cuyos resultados se exhibieron durante una visita que hizo el Rector de la UAT, Enrique Etienne Pérez del Río el 28 de marzo del 2014 en el patio principal de la institución.
Se trata de una encuesta que hicieron estudiantes de criminología entre inocentes párvulos del 4, 5 y 6 grados de primaria en el ciclo escolar 2012-2013 para investigar «cuáles son los aspectos de la narcocultura que motivan a los niños a sentirse identificados con el comportamiento del narcotráfico».
Fueron 13 preguntas relacionadas con imágenes relacionadas con la narcocultura, aplicadas en 174 chiquillos de escuelas de esta ciudad.
Habría que aterrorizarse por éstos resultados:
1.- Se les mostraron diversos tipos de vehículos y resultó que la mayoría de los niños y niñas (119) prefirieron las camionetas tipo Escalade (de las más usadas por los delincuentes).
El apunte de los encuestadores fue: La tabla muestra conforme a los resultados de la encuesta que la mayoría de las niñas y los niños se identificaron con el carro tipo Escalade.
Otras marcas incluidas fueron: Tahoe, Avalanche y Monstruo.
2.- Se les mostraron varios tipos de arma, como AR-15, AK-47, Barret calibre 50 y una granada.
Se observó el mismo resultado que en el tipo de vehículo. La observación de los estudiantes de criminología fue: «La tabla muestra conforme a los resultados de la encuesta que la mayoría de las niñas y los niños se identificaron con el arma de fuego tipo AR-15).
3.- Se les mostraron a los más populares intérpretes de música, como Cano y Blunt, El Komander, Banda MS y otros. La mayoría, 71 niños, prefirieron a Cano y Blunt, autores de varias «joyas musicales» como No soy monedita de oro, Reynosa la Maldosa y Niño sicario, por citar algunas cuantas.
La observación de los encuestadores: «La tabla muestra conforme a los resultados de la encuesta que la mayoría de las niñas y los niños se identificaron con los intérpretes musicales Cano y Blunt, El Komander y Banda MS.
La conclusión general fue la siguiente: Se concluyó que el 98% de los niños se identificaron con la narcocultura y tienen la presidposición hacia una posible conducta desviada del narcotráfico.
Mamás, papás, cuiden a sus hijos. En estos tiempos nadie puede estar seguro de con quién andan nuestros retoños.
Sobre todo en colonias donde hay fuerte presencia de grupos delictivos, es necesario poner nuestro propio toque de queda y nuestra propia economía de guerra para evitar más muertes innecesarias.
Yo, Pegaso, tengo un cuento llamado La Etiqueta que queda que ni pintado para ésta ocasión.
Les doy el beneficio de la duda a los familiares y amigos de Oscar Eduardo que ayer se plantaron ante la PGR exigiendo justicia porque el chavo era inocente.
Asumamos que así era, pero quiero dar algunos consejos a las madres y padres de familia para que observen a sus hijos e identifiquen algunas señales que son indicios de que algo anda mal con ellos:
1.- Llegan a altas horas de la noche.
2.- Evaden la mirada.
3.- Empiezan a tener un brillo siniestro en los ojos.
4.- Comienzan a traer regalitos a sus mamás.
Es necesario remarcar la necesidad de estar al pendiente de éstas señales, pero sobre todo, mamás, no les acepten los regalos porque significa que están buscando la aprobación de su cabecita de algodón para delinquir.
Hay varios «memes» en las redes donde una mujer llorosa reclama a los soldados porque su hijo de doce o trece años fue abatido por las balas militares.
-«Mi hijo era inocente»,-alega la buena mujer.
Y el soldado responde:
-«Bueno, señora, su hijo ya había matado a cinco personas. Dígaselo usted a sus familiares…»
¡Mamás, mieren a los ojos de sus hijos! Son la ventana del alma.
Los dejo pues con el prometido cuento llamado La Etiqueta:
«Doña Tencha era una mujer sencilla, de familia pobre pero de arraigadas costumbres religiosas.
Todas las mañanas acudía al llamado de la parroquia local donde escuchaba los sermones del padre Cosme.
Abnegada, como la mayoría de las beatas pueblerinas, se desvivía por atender a su único hijo. Toño representaba para doña Tencha el mayor fruto de sus esfuerzos y la esperanza de tener un futuro mejor.
Con apenas doce años, todos los días y buena parte de la noche Toño se paraba en una de las callejuelas del barrio, con su radio en mano y su cachucha de pedrería brillosa.
Para doña Tencha, sin embargo, seguía siendo su bebé. Cuando hacía frío le llevaba su chamarrita para que se cubriera del viento y la lluvia.
En ocasiones, cuando Toño estaba muy cansado y quería echarse una pestañita, la buena mujer tomaba el radio y se ponía en el quicio de alguna puerta, atisbando al horizonte para reportar el paso de los convoyes de soldados y federales.
Cierto día, Toño se descuidó por un momento, mientras engullía una torta de jamón y aguacate que le había echado su madre en una bolsa de plástico.
Mientras se pasaba el bocado con un trago de refresco, aparecieron los militares en la esquina.
Era una redada.
Intentó correr a todo lo que daban sus piernas y los soldados le marcaron el alto.
No hizo caso. Se «sordeó».
Un segundo más tarde su cabeza estalló como globo cuando una bala calibre 50 impactó en su nuca.
El proyectil le voló medio cráneo y cayó pesadamente al pavimento.
De nada valieron las lágrimas de doña Tencha. La pobre mujer lloró sobre el cadáver sanguinolento, mientras gritaba a los militares que su vástago era inocente.
El cuerpo de Toño fue enviado a la morgue con una humillante etiqueta amarrada en un dedo del pie con la leyenda: «Delincuencia organizada».


