Por Pegaso
Andaba yo volando allá, por el rumbo de la colonia petrolera José de Escandón, viendo los bonitos baches, cuarteaduras y zanjas que tienen la mayoría de sus amplias avenidas, a las cuales no se les proporciona mantenimiento alguno porque siempre se han manejado aparte de la ciudad.
Y recordaba en los años setenta cómo la Sección 36 del Sindicato de Trabajadores Petroleros participaba de manera preponderante en el desarrollo social y de infraestructura urbana de Reynosa.
Era su líder Antonio García Rojas, un individuo que deveras se preocupó por toda la gente, no nada más por sus compañeros de sindicato, sino también por el resto de los habitantes de Reynosa, a quien la posteridad quiso inmortalizar imponiendo el nombre de toda una colonia.
Tras la jubilación forzada de García Rojas, cundió el caos en el sindicato, y tras algunas soponcios, gritos y golpeteos, vino a caer en el más grande sátrapa que pudo tener sindicato alguno en el mundo: El «Gato» Cerda.
Si con García Rojas la Sección 36 se abrió a la comunidad, con «El Gato» se cerró definitivamente.
Eran los tiempos en que la colonia Petrolera vivía aún sus tiempos de gloria, las calles lucían limpias, sin una sola grieta, con plazas arboladas y casas hermosas.
Ser petrolero y vivir en la colonia petrolera era la aspiración máxima para todos los habitantes de Reynosa y se hacían filas enormes en las oficinas del sindicato o en la casa del líder para aspirar a hacer militancia y luego ver si podían obtener una chambita de transitorio.
Algunos lo lograban y veían coronado su sueño.
Porque en aquel tiempo, ser petrolero era más que doctor o ingeniero. El trabajador sindicalizado, ya con su ficha en mano, les pateaba el trasero a todos aquellos profesionistas que se habían quemado las pestañas en los libros, y hasta el más humilde chango de pozo se sentía más que el presidente municipal al que, por supuesto, había puesto el sindicato.
Pero vino la debacle.
La arrogancia de «El Gato» Cerda poco a poco le provocó la animadversión del resto de los habitantes de la ciudad.
Yo tengo el recuerdo de mis años mozos, cuando al terminar el bachillerato en el CBTIS 7, nuestro padrino de generación fue ni más ni menos que Ernesto Cerda.
«Ustedes son mis ahijados y siempre serán bien recibidos en la Sección 36»,-dijo el mamarracho aquél.
Uno o dos meses después, me lancé a buscar chamba y recordé aquellas bonitas palabras de «El Gato», así que preguntando, dí con la casa del poderoso líder petrolero.
Llegué y había una fila como de chorrocientas gentes que buscaban la oportunidad de un trabajo transitorio en PEMEX.
Me formé. Pasaron dos, tres, cuatro horas, y salió un sujeto mal encarado que dijo a los que aún estábamos en la fila: «Ya no se van a dar fichas, regresen mañana».
Y ahí estaba al día siguiente, y al siguiente.
Al tercer o cuarto día, por fin me recibió el líder. Le decían el gato porque tenía los ojos de un azul intenso y era escurridizo como los felinos.
Le dije más o menos así: «Señor, vengo buscando trabajo. Quiero una plaza».
Me miró, quizá con incredulidad por mi inocencia de Pegaso chaval, y enseguida dio una risotada que jamás se me olvidará: «Ja, ja, ja. ¿Ves a todos los que están aquí? Son hijos o hermanos de petroleros y tienen más derecho que tú».
No aguanté más y me fui casi con lágrimas en los ojos, maldiciendo a aquel mentiroso y vil hombrecillo.
Después solicité trabajo en La Prensa y aquí me tienen ahora, escribiendo para ustedes, después de una carrera de 34 años de periodista.
Todo esto viene a colación porque, como ya lo dije, los petroleros se encerraron en su burbuja de cristal, y la colonia José de Escandón poco a poco vino de más a menor.
Hace unos años andaban por la Presidencia Municipal algunos de los ex líderes, entre ellos, Alvaro Vela Aguilar, queriendo decirle al alcalde que repavimentara o de perdido bacheara todas las calles de la colonia. La respuesta fue un tajante ¡no!, porque existe un comité que recibe fondos sindicales y de la empresa que se supone deben ser para dar mantenimiento a las vialidades.
¿Dónde está todo ese dinero?
Habría que preguntarle a Moisés Balderas Castillo, actual dirigente de la Sección 36, pero éste es más escurridizo que el tristemente célebre «Gato» Cerda.
Balderas Castillo fue diputado local en la LXII Legislatura, la anterior a ésta y en las pasadas elecciones iba en el quinto lugar de las plurinominales para el nuevo Congreso del Estado.
Sin embargo, dicen quienes saben que ni en su colonia lo quisieron, y la votación que tuvo fue mínima.
Con líderes como esos, ¿qué puede esperar la colonia José de Escandón?
A como van las cosas, sin recursos municipales para su mantenimiento y sin el dinero que se roban los líderes, dentro de poco estará en ruinas.
Nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: «Material pulverizado procedente de tales mezclas arcillosas». (Polvo de aquellos lodos).




