AL VUELO-Polis

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Por Pegaso

Andaba yo volando allá, por el rumbo del boulevard Morelos, viendo desde arriba la febril actividad de los policías estatales, federales, militares, mixtos y no sé qué tantas corporaciones más.

Recuerdo que en el lugar que hoy ocupa el moderno edificio de seguridad pública, había un galerón que pertenecía a la empresa Coca Cola, donde mandaga galleta el tristemente célebre Lolo González, siempre acompañado por su fiel mozo de estoques, el comandante Prado.

Creo que fue Ramón Pérez García, cuando era alcalde, quien hizo la permuta de un predio localizado por el libramiento Echeverría para que el terreno quedara en manos del Municipio.

Eran los buenos tiempos de la policía preventiva.

El estereotipo de los cumplidos agentes del orden era el siguiente: Chaparritos, prietos, barrigoncitos, malhablados, briagos a más no poder, prepotentes con el pueblo y arrastrados con sus superiores.

E igualmente los agentes de tránsito.

No había uno que no fuera mordelón. Se colocaban en cada esquina, escondidos detrás de algún camión o árbol, y cuando veían a un despreocupado automovilista que pasaba a más velocidad de la debida (siempre buscaban las zonas escolares), le salían al paso o lo perseguían hasta alcanzarlo.

Y ahí se hacía la transacción:

-¿A dónde tan rápido, jovenazo?

-Híjole, oficial, es que mi vieja me está esperando con las tortillas y si no llego a tiempo se me pone como fiera.

-Pues ni modo. Le voy a hacer una infracción por exceso de velocidad.

-Pero, ¿cuál exceso, si venía a 30 kilómetros por hora?

-Ahí dice que debe venir a 25…

-¿Y no hay forma de arreglarnos?

-Bueno. Nomás por ser usté.

En ese momento metía la mano por la ventanilla mientras silbaba disimuladamente una melodía, esperando sentir el billete que le entregaba el automovilista.

Pero los policías preventivos no cantaban tan mal las rancheras.

Cuando acudían a un domicilio por reporte de robo, eran los primeros que llegaban y ahí aprovechaban para agenciarse algún relojito, una joyita o un billetito que después ponían en la lista de objetos robados.

¡Ahhh! Pero esos buenos tiempos ya pasaron.

Las técnicas para robar a la gente ya se modernizaron. Ahora tienes que mocharte si traes un auto con placas americanas o vencidas, si no, los del operativo mixto te lo decomisan, acusándote de pertenecer a la delincuencia organizada, sea cierto o no.

Por eso yo estoy escéptico en cuanto al retorno de la policía preventiva a Reynosa y a Tamaulipas.

Durante las campañas políticas todos, -y dije todos- los candidatos prometieron que Reynosa tendrá su propia policía.

Algunos le llamaban policía de proximidad, otros policía de barrio, otros preferían designarla simplemente como policía preventiva, pero al final, era la misma idea.

El actual gobernador electo, Francisco García Cabeza de Vaca prometió un cuerpo policial con elementos capacitados en los Estados Unidos, y yo espero que eso se haga realidad, para bien de Tamaulipas y de Reynosa.

Si interpreté bien la intención de todos los candidatos al hablar de una nueva policía municipal, entonces tendremos a partir del próximo año elementos con estas características:

-Estatura mínima: 1:80 metros.

-Aspecto físico: De Arnold Schwarzennegger (cuando era joven) para arriba.

-Idioma: Español, Inglés y sinaloense, por aquello de la moda.

-Escolaridad mínima: Universidad, aunque también se aceptarán con maestría o doctorado.

¡Imagínate, lector! Tan bien educados como serán estos elementos, te detendrán en la vía pública y se dirigirán a tí con todo respeto:

-¿A dónde os dirigís, apreciable caballero?

-Pos…, pos…, a mi casa porque mi vieja me mandó por las tortillas.

-¿Sabía usted que esta es zona de baja velocidad y, de acuerdo con mi velocímetro usted superó el límite inferior del parámetro establecido por la reglamentación?

-¿Quéeee?

-Que iba usted a exceso de velocidad.

-¿No me diga? Oiga, ¿y no habrá forma de arreglarnos?

-¿Insinúa un arreglo extralegal?¿Tiene conocimiento de que eso constituye un agravamante más a la violación cometida con anterioridad?

-Hombre, no sea malo, mi vieja se va a encabronar…

-Lo siento, tiene usted una multa de 5 mil dólares por trasgredir el límite de velocidad e intento de extorsión a un agente de vialidad.

Ahhhh, ¿verdad? ¡Qué diferencia!

Pronto, si se implementa una policía de este tipo, tendremos mejores ciudadanos, que no tiren la basura en las calles, que no se pasen los altos y que tengan el valor civil para denunciar cualquier delito.

Y quizá, ¿por qué no? esa misma actitud se transfiera a los señores delincuentes organizados para que dejen de usar tan procaz lenguaje y sean como los sicarios de mi celebrado cuento llamado: «¡Qué diferencia!»

Helo aquí:
-¿Señor Martínez?

-¿Sí? ¿Qué se le ofrece, joven?

-Buenos días. Mi nombre es Roberto T. Mata. Soy sicario profesional del Cártel del Istmo y me veo en la obligación de exponerle el penoso motivo que me trae ante su presencia.

Ha de saber que usted ha infringido las rígidas normas de nuestra organización, por
consiguiente, nuestro superior me ha instruido para hacerle una cordial invitación a fin de que nos acompañe a un sitio solitario donde le propinaremos a usted una serie de golpes que le causarán algunas molestias en el cuerpo.

Una vez que nos proporcione la información que requerimos, extraeré mi revólver y le dispararé en el abdomen y la cavidad craneana.

No se preocupe por su cadáver porque lo colocaremos en un terreno baldío y daremos aviso a las autoridades para que cuanto antes pasen a recogerlo y le den cristiana sepultura. ¿Me acompaña, por favor?

-¡Qué diferencia!¡ Así, ni quien se niegue!

Por eso aquí nos quedamos con el refrán estilo Pegaso: «De mejillas rubicundas, prominente abdomen y abultados glúteos, es de esperar que se trate de un individuo laxo». (Cachetón, panzón y nalgón, huevón el cabrón).

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