AL VUELO-PRI

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Por Pegaso

Ya es hora de que el PRI cambie de nombre.

Esa peregrina idea se me ocurrió cuando andaba yo volando allá, cerca de la estratósfera, donde la ondas hertzianas me llevaron la noticia de que la Procuraduría General de la República ofrece nada más ni nada menos que 15 millones de pesos para cualquier persona que informe del paradero del exgobernador tamaulipeco Tomás Yarrington.

Ahora sí, la PGR, el Gobierno Federal, quiere echarle el guante a ese personaje de la política estatal que además de todo deja por los suelos la imagen del partido que lo llevó al poder: El PRI.

Cuando sugiero que el PRI cambie de nombre es porque ocurrió ya dos veces antes.

El cambio de designación recomendado implica no sólo variar las siglas, sino también los planes, objetivos, personas, dirigentes y hasta orientación política. Es decir, un cambio total. Borrón y cuenta nueva. Eliminar totalmente lo viejo para crear algo nuevo.

Cuando crearon al Partido Nueva Alianza yo pensé que sería el sustituto del PRI, pero no fue así y el PANAL se convirtió en un satélite más del Revolucionario Institucional.

Recordemos que el primer antecedente del PRI fue el Partido Nacional Revolucionario (1928-1938), que surgió por iniciativa del entonces Presidente de la República, Plutarco Elías Calles, y surgió como un partido de corrientes y de fuerzas políticas distintas, pero afines a los ideales de la Revolución Mexicana.

En 1938 ocurrió una ruptura entre Elías Calles y el ahora Presidente Lázaro Cárdenas, lo que orilló a cambiar el nombre del instituto al de Partido de la Revolución Mexicana (1928-1946).

En ese tiempo surgió el sistema de partidos políticos en el país, pero el PRM mantuvo su orientación de izquierda moderada e ideales revolucionarios.

En 1946, cuando los viejos generales empezaron a ser sustituidos por los profesionistas egresados de las universidades en la dirigencia del partido, se dio una segunda ruptura, de la cual surgió el Partido Revolucionario Institucional, como actualmente lo conocemos.

La estabilidad social que había hasta ese entonces, iba de la mano con el PRI, que se vio sometido a fuertes presiones y exigencias para conservar el poder, ante una oposición en crecimiento.

Poco a poco los ideales revolucionarios del PRI se fueron desvirtuando en aras de los intereses personales y de grupo.

Vinieron después los asesinatos de Colosio y Ruiz Massieu, la debacle electoral en el 2000 y el regreso a la Presidencia de la República, en el 2012.

Recién, en junio de éste año, en Tamaulipas, por primera vez en su historia ocurrió la alternancia política pacífica, mientras que los anteriores gobernadores priístas quedaron bajo fuertes sospechas de corrupción y feas complicidades, desde Cavazos Lerma, Yarrington, Eugenio Hernández Flores y ahora, Egidio Torre Cantú, recién nombrado Consejero Nacional del PRI bajo una fuerte ola de protestas de sus mismos correligionarios.

No es de extrañar, pues, que bajo este turbulento escenario los presagios para la vida pública del Revolucionario Institucional sean más negros que la conciencia de sus políticos.

Ya quedaron muy, pero muy atrás, los tiempos en que la gente llegaba a las casillas y había un sujeto que se encargaba de decirles: «Tachen la banderita».

Yo me quedo pendejo, alelado y patidifuso, cuando leo por ejemplo en el documento que se elaboró para presentar la Plataforma Electoral 2015-2018 donde dice literalmente: «El gran propósito de esta plataforma electoral es elevar las condiciones de vida de los mexicanos de manera sostenida, sustentable y responsable, mediante la vigencia plena del Estado de Derecho, la democratización de la productividad y políticas públicas que lleven los derechos del papel a la práctica».

Palabras rimbombantes, pero completamente huecas y carentes de sentido de una plutocracia que se ha convertido en insensible y ajena a los intereses del pueblo.

Y vean esta otra joya: «El PRI ratifica su compromiso con los principios de libertad, democracia, justicia social y soberanía y, en consecuencia, propone una oferta política que haga efectivos estos principios para todos los mexicanos en la compleja realidad nacional e internacional del Siglo XXI. Reconocemos que para que México alcance su máximo potencial de desarrollo, los mayores retos son fortalecer el Estado de Derecho y combatir productivamente la pobreza y la desigualdad social».

Creo que toda esa palabrería llega demasiado tarde. Más valía que los altos jerarcas del Revolucionario dieran una explicación llana y sencilla al pueblo: «La cagué». Punto.

No es una idea estrambótica recomendar a la nomenklatura del PRI cambiar el stablisment.

(NOTA DEL EDITOR: Pinche Pegaso, estás criticando las palabras rimbombantes y rocambolescas del PRI y ahora tú sales con las mismas pendejadas. Ya ni la chingas).
O sea, cambiar de nombre, de principios, de planes y de proyectos.

México está hasta la madre no sólo del PRI, sino del PAN y de los partidos satélites.

Creo en lo personal que si el Revolucionario se adelanta hoy a cambiar de capucha, otros institutos políticos le seguirán y pronto tendremos en México un nuevo sistema de partidos más moderno, funcional y sobre todo, más honesto.

Ahhh, y que los Enriques, Peña Nieto y Ochoa Reza no metan sus sucias manotas, sino que sean las bases las que decidan qué nombre y qué características debe tener el nuevo órgano político que sepulte para siempre al anquilosado PRI.

Aquí apunto varias sugerencias para que vayan avanzando en ese patriótico proyecto:

-Partido Colosista de México (PCM).
-Partido Todos Contra Salinas (TCS).
-Partido Movimiento de Resistencia Nominal (MORENO).
-Partido Mexicano Guadalupano (PMG).
-Partido Anti Peña (PAP).

Luego de tan sesudas sugerencias, los dejo con el refrán estilo Pegaso: «A pesar de que la hembra de simio se atavíe con vestimentas elaboradas en base a fibras originadas en la secreción glandular de la larva Bombix mora, indefectiblemente conservará sus características simiescas». (Aunque la mona se vista de seda, mona se queda).

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