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AL VUELO-Sor

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Por Pegaso
Sor Rita era una novicia en un antiguo convento de carmelitas descalzas.
Todas las mañanas se levantaba bien temprano a moler las semillas de cacao para preparar el espumoso y aromático chocolate que degustaban las demás religiosas con especial deleite.

Sor Rita era propietaria de una sonrisa angelical, un trato sumamente amable y una personalidad candorosa.

Luego de realizar sus actividades matinales, solazábase en la contemplación de las hermosas flores multicolores que adornaban el apacible jardín conventual.

En el interior del recinto se respiraba la paz y la tranquilidad que se requieren para cultivar el espíritu.

La Madre Superiora le tenía un especial aprecio porque además, Sor Rita fue abandonada por su madre en la puerta del convento a los pocos días de nacida.

Sin embargo, algo molestaba a la monjita.

Y era que sus piadosas hermanas todos los días le hacían bullying por su nombre: Que Sor rita por acá, que Sor Rita por allá… Y aprovechaban el parecido fonético de su nombre con el diminutivo de la palabra que suele usarse para describir a una mujer de la calle.

Se pasaba los días y las noches pensando cómo hacer para que sus compañeras de claustro dejaran de burlarse de su nombre.

Y he aquí que después de tanto darle vueltas al asunto vino a caer en el más original y raro pensamiento que jamás dio monja en cualquier convento del mundo.

Fuése con la priora y expúsole su idea: Ya que las demás monjitas le hacían bulla con su nombre, Sor Rita (por asociación, zorrita), propúsole que se realizase una dinámica consistente en cambiar el nombre de todas las integrantes de la congregación religiosa, sin quedar una sola sin el suyo nuevo.

Parecióle gracioso llevar adelante tal propósito y reuniólas a todas en el patio principal del antiguo pero bien conservado edificio.

-Hermanas,-les dijo. Nuestra fraterna, aquí presente, nos ha sugerido la extraordinaria idea de cambiarnos el nombre, y yo he apoyado su moción.

Ordenó entonces que se trajese un ánfora transparentes donde fueron colocados unos papelitos con diferentes nombres tomados del calendario gregoriano.

Emocionada, Sor Rita se puso hasta el último de la fila, frotándose las manos y esperando conocer su nueva nominación.

Una a una fueron pasando al ánfora.

-«Sor Lucía»,-decía la Madre Superiora sacando uno de los papeles, y la aludida se retiraba alegre con su nuevo nombre.

-«Sor María»,-y la monja sorteada se retiraba a sus aposentos, henchida de orgullo por llevar el nombre de la madre de Dios.

Todas pasaron, y finalmente llegó el turno a Sor Rita.

Sólo quedaba un nombre disponible.

Temblorosa, metió la mano, sacó el papel y lo entregó a la Superiora.

-«Sor Raymunda»,-gritó ésta, y la pobre monjita azotó cuan larga era.
Moraleja: Los cambios no siempre son buenos.

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