AL VUELO-Vectores

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Por Pegaso

Andaba yo volando allá, sobre los mezquites y anacuas del Parque Cultural Reynosa porque el día de mañana, 17 de agosto, se celebran los primeros seis años de su existencia.

Recuerdo como si fuera ayer el evento de inauguración de tan majestuosa obra por parte del entonces gobernador Eugenio Hernández Flores.

Estaba toda la crema y nata de la sociedad reynosense: Damas luciendo brillantes vestidos, caballeros con tacuche y zapatos lustrosos, artistas, promotores culturales y más.

Ha sido sin lugar a dudas, una magnífica aportación a la cultura y al arte de la ciudad.

Ignoro si eso ha contibuido en algo a disminuir los índices de violencia e inseguridad que vivimos en Reynosa, pero si al menos un solo muchacho ha dejado las calles para seguir los caminos de la autoedificación, ya vamos de gane.

Es decir, ese muchacho pudo dedicarse a la delincuencia organizada y contribuir a la muerte, directa o indirectamente, de personas inocentes.

Aunque ahora es un perseguido por la ley, Geño, su gobierno, aportó un granito de arena para mejorar un poco el enrarecido ambiente de inseguridad en que vivimos.

Apenas anoche estaba platicando con mi gran amigo, el profe Raúl Zárate, sobre cómo los intentos para minimizar, ya no digamos neutralizar la violencia, han sido variopintos.

Recordó aquella ocasión en que un famoso pastor de una iglesia cristiana vino al casino Club de Leones, durante los primeros meses de la administración de Everardo Villarreal, para consagrar a Reynosa a Cristo.

Mismo ministro que también consagró la Ciudad de Monterrey, a petición de la entonces alcaldesa de aquella ciudad y que por ese motivo fue muy criticada a nivel nacional.

Hace unos días, durante la presentación de la convocatoria para el torneo de ajedrez «Víctor gonzález», en la Cámara de Comercio, explicaba a los compañeros reporteros cuál es mi punto de vista con respecto al combate a la delincuencia organizada.

Y lo hice no con manzanitas y naranjitas, sino con vectores.

Un vector es una flecha que simboliza una fuerza, en este caso, la violencia.

Los gobiernos federal y estatal, decía yo en mi corta exposición, han intentado combatir a la violencia con más violencia, al fuego con fuego. Luego entonces, es un vector que se suma al anterior, y el efecto es que hay el doble de violencia.

Si recordamos aquella máxima que dice: «A toda acción corresponde una reacción», que no es más que una adaptación de la Tercera Ley de la Dinámica de Newton que dice: «A toda acción corresponde una reacción de igual intensidad y de sentido opuesto», luego entonces lo que tenemos que hacer es oponer una fuerza que realmente vaya en sentido inverso a la violencia.

Yo decía que nuestra pequeña contribución, la mía y la de mis compañeros de la UPD, la Red de Mujeres Periodistas, el FATI y el Club de Ajedrez es promover este maravilloso juego con el afán de que más jovencitos se interesen en su práctica y dejen de andar persiguiendo pokemones o queriendo ser halcones de esquina.

Pues bien. La cultura, el arte, el deporte, todo eso son vectores, son fuerzas que se oponen a la violencia.

Decía yo, en base a un proverbio muy conocido, que en un pueblo culto no entra la violencia, o al menos, no como lo estamos viendo en Reynosa, en Tamaulipas y en muchas partes de México.

Un pueblo culto dirime sus diferencias con el diálogo, no con los golpes, no con la intimidación, no con el miedo.

A mayor cultura, a mayor educación, mayores oportunidades tiene el individuo de tener un mejor empleo y mejores ingresos económicos, lo que a la larga evitará que ande pensando en obtener dinero fácil, vendiendo droga o asaltando negocios.

Quédense con el refrán estilo Pegaso: «Preferible es la lenta locomoción, que la rápida y extenuante traslación». (Más vale paso que dure y no trote que canse).

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