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Iberoamérica vacía

(Este programa es público, ajeno a cualquier partido político. Queda prohibido el uso para fines distintos a los establecidos en el programa)


Carlos Ramírez

INDICADOR POLÍTICO

Poco interés real hubo en Iberoamérica y Europa ante la Cumbre UE-CELAC de mediados de julio en Bruselas. El comunicado final de 41 puntos cumplió, a jalones y estirones, con los criterios diplomáticos y planteó un principio de acuerdo económico basado en 41 mil millones de inversiones.

Pero…

El dato más revelador de la realidad latinoamericana y caribeña no fue abordado: el vaciamiento social de los países de la región por la migración forzada de quizá 30 millones de ciudadanos de países de la región en caravanas con destino final en Estados Unidos en los últimos años, aunque quedándose en el camino en otras naciones. Datos de la CEPAL de 2020 revelan una cifra de más de 30 millones de habitantes latinoamericanos y caribeños que huyeron de sus países. Y cifras oficiales señalan que en Estados Unidos viven alrededor de 12 millones de personas sin haber cumplido con los requisitos legales de ingreso.

La migración forzada de los países al sur del río Bravo ha estado motivada por razones de crisis económica, violencia criminal y deterioro de las condiciones de vida en sus respectivos países.

La crisis social, política, de seguridad y de expectativas se está convirtiendo en un conflicto de carácter humanitario que no apareció ni siquiera esbozado en el análisis de la cumbre de Bruselas; en cambio, los países europeos decidieron retomar el interés por Iberoamérica 15 años después de la última junta formal y motivados sólo por los conflictos geopolíticos: el expansionismo de Rusia, China e Irán sobre todo en América Latina, ante la ausencia de la política exterior de la Casa Blanca.

De acuerdo con las cifras oficiales, 33 países latinoamericanos y del Caribe estuvieron presentes en la cumbre de Bruselas, donde el gran compromiso económico de la Unión Europea acumuló una bolsa de 41,000 millones de euros, una media de poco más de 1,200 millones por país.

Pero el problema no es de cúmulo de inversiones. La principal crisis de los países latinoamericanos y del Caribe tiene que ver con la ausencia de un modelo de desarrollo con distribución social de la riqueza y la proliferación agresiva de grupos criminales que están tomando el control de zonas territoriales que pertenecen a los Estados nacionales, generando estas dos razones crecimiento en la pobreza, deterioro el bienestar e inseguridad de familias enteras.

En términos económicos, la tasa de crecimiento anual, por ejemplo, de los países centroamericanos ha sido en promedio de 3% en los últimos años, pero las estructuras de distribución de la riqueza no benefician a la sociedades. Las razones que aducen las migraciones latinoamericanas hacia Estados Unidos se reducen, de manera prioritaria, a las de bienestar-pobreza y a las de inseguridad por la expansión de grupos criminales.

Las cumbres de ministros y de jefes de Estado entre varios países y regiones siempre son muy importantes porque ayudan aclarar la situación en la que se encuentran las condiciones del desarrollo de sociedades atrasadas. Sin embargo, esas reuniones multilaterales suelen dejar a un lado las situaciones de inestabilidad política y de seguridad.

Los países de América Latina y el Caribe se vieron arrastrados en el siglo XX a un modelo económico productivo de tipo capitalista, aunque con variantes nacionales referida a la capacidad de organización social de la existencia de grupos ideológicos. Estos populismos sociales en Argentina, Brasil, México, Perú, Bolivia y comunistas en Cuba y Nicaragua no permitieron la construcción de políticas productivas, comerciales y de desarrollo que beneficiarán a sus comunidades, sobre todo porque el capitalismo estadounidense tenía el control del comercio regional.

Los tratados comerciales regionales derivados del ciclo de economías integradas dentro del llamado Consenso de Washington de 1990 contribuyeron a un aumento del comercio internacional, pero no contribuyeron a reformular las plantas productivas ni a mejorar los mecanismos de distribución de la riqueza y el bienestar. México es un buen ejemplo: el Tratado de Comercio Libre con Estados Unidos y Canadá multiplicó por 10 el comercio exterior y el valor de las exportaciones, pero la distribución del bienestar fue inexistente y México presenta, en encuestas de ingreso-gasto, que el 80% de su población padece entre una y cinco restricciones sociales y que sólo el 20% vive sin ningún problema cotidiano.

De ahí la importancia de tratar de ir más allá –pero mucho más– de sólo las referencias a volúmenes de capital de inversiones privadas extranjeras como masa monetaria, pero sin atender la necesidad de los problemas de la producción y la distribución. La salida de circunstancia de las crisis económicas regionales se ha centrado en programas populistas de distribución del presupuesto debido a las necesidades indispensables, pero sin apuntar a reconversiones industriales para mejorar la producción y nuevas relaciones entre capital y trabajo para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores.

Los países de la CELAC tienen la necesidad de diseñar nuevos modelos de desarrollo que replanteen formas de producción, pero también de mejores políticas fiscales que distribuyan la riqueza y desde luego de relaciones capital-trabajo que se basen en el salario como una forma de mejorar las condiciones de vida.

Ante el compromiso de una próxima Cumbre de Jefes de Estado de la CELAC y la Unión Europea, la propia CELAC debiera de desarrollar desde ahora grupos de trabajo para discutir el modelo de desarrollo, de tal manera que se establezca fórmulas de integración entre naciones de niveles productivos equiparables y abandonar el viejo modelo capitalista de que los países pobres sólo aporta mano de obra barata y recursos naturales.

Sin modelos de desarrollo nacional y mecanismos de integración regional y sin sistemas productivos que garanticen una justa distribución de la riqueza producida, la región iberoamericana seguirá padeciendo su dependencia de las grandes potencias, del capitalismo estadounidense o de economías europeas que no han sido capaces de articularse a naciones de desarrollo bajo o medio. Mientras llega el desarrollo, Iberoamérica se está vaciando de familias que buscan otros países para asentarse.

El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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