Lunas de octubre

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DE CULTURA Y MÁS…
Por Alejandro Capistrán

Capítulo III

Aquellas palabras fueron más que sólo un valde de agua helada, las piernas le flaquearon y hacía ya mucho tiempo, demasiado diría yo, que no sentía que la sangre se le helara completamente, aún no podía asimilar lo que Greta acababa de decir.

– No… no… no lo entiendo-. Titubeó – anoche fuimos a beber un trago, todo estaba bien hasta que…-. Se detuvo al recordar su discrepancia y miró con sorpresa a su linda asistente.

– ¿Qué cosa? ¿Qué fue lo que pasó anoche entre ustedes? –
Logan no podía dejar de mirarla con sorpresa y con un dolor en el pecho por la pérdida de su mejor y único amigo.

– Vamos, Hugh, siéntate, estás en shock -. Ella le ayudó… Tomó sus manos y prosiguió hablando…

– Aún no es todo, Logan – se detuvo y bajó la mirada – encontraron huellas de Safie donde encontraron muerto a Zimmerman, aún no saben cómo, pero tu hija se escapó del hospital y la policía sospecha de ella por sus antecedentes…

– ¡Pero cuáles antecedentes, carajo, si ella está ahí fue por la única cosa que hizo, no porque fuera una criminal con un historial! –
Si él volvía a escuchar otra palabra, terminaría por volverse loco también, aunque en realidad, ya no sabemos si Safie está realmente loca o cuerda, bueno el único que podría saberlo era Zimmerman…

Hugh se puso su camisa y salió apresuradamente de su departamento y Greta tras de él…

– ¿A dónde vas? -.

– ¿Acaso no es obvio? Voy a buscarla -.

Ambos se subieron a la moto y se dirigieron rápidamente al único lugar donde podría estar escondida…
Llegaron…

Hacía ya 10 años que el periodista no pisaba esa casa, ahora abandonada a la suerte por la tragedia y las inclemencias del tiempo… Era inevitable que se le hubiesen salido unas lágrimas cayendo sobre sus rodillas…

Algunos policías lo miraron, pues aún se encontraban ahí por todas partes y poniendo las cintas amarillas que marcaban las zonas restringidas…
Greta ayudó a Hugh a levantarse…

– Vamos, Logan, no es necesario que estemos aquí ahora – trató de persuadirlo.

– Claro que debo estar aquí, ella está aquí todavía, lo sé y quiero ver a Carl por última vez -. El tono de su voz se volvía cada vez más tenue, casi inaudible, a penas perceptible si se le prestaba atención, la vida le estaba jugando chueco a ese hombre desde hacía ya mucho tiempo y pareciera que aún no se aburría de jugar…

De pronto algo lo hizo voltear hacia la ventana del segundo piso…

– ¡Lo sabía, ahí está ella -. Gritó señalando hacia la ventana y se aventuró a su encuentro, algunos policías corrieron detrás de él para detenerlo, pues se suponía que ellos ya habían inspeccionado todo el lugar.

Llegó hasta la recamara de Safie, más bien a la que antes era su recamara… maldita sea, era la escena del crimen, porque fue un crimen lo que ahí había vuelto a pasar, Carl aún estaba ahí, tirado sin vida, sin ojos y sin lengua…

– ¡Pero qué rayos! – sintió nauseas al verlo.

– Señor, no puede estar aquí – dijo uno de los policías.

– Aún sigue siendo mi casa, ustedes dedíquense a buscarla, estoy seguro que la vi ahí -. señaló hacia la ventana donde el viento jugueteaba con las suaves cortinas color celeste que todos supusieron era lo que había visto en realidad.

¿De verdad sería la nueva víctima de la locura?

– Estoy seguro que la vi, era ella – le dijo a Greta suponiendo que ella sería la única que le creería.

– Claro que sí, Logan, te creo, pero tienes que descansar ahora -.

-¿Sabes? Precisamente anoche tuve un sueño y ahí también estaba ella -.

– ¿De verdad?-

– Sí, era un ángel de la muerte, pero lo raro era que ella misma me decía que no había matado a su madre -.

– No sé qué pensar al respecto -. Dijo algo consternada…

De pronto, una voz de autoridad interrumpió la conversación.

– Buen día, licenciado, ¿Cómo le va? – era un tono algo insulso y suspicaz.
Era un hombre alto, trajeado de negro y fumaba un puro. Llevaba un pequeño sombrero elegante y actual, su tez era morena, barba de candado y nariz aguileña.

– ¿Quién es usted? – preguntaron los dos al mismo tiempo.

– Mi nombre es Michael Bening y soy detective del departamento de policía, sólo he venido para hacerle unas preguntas, lic, si no le molesta -.

– ¿No cree que es algo inoportuno, detective? – reprochó Greta.

– Evidentemente… No. Estoy muy interesado en lo que tiene que decir nuestro amigo reportero. Qué casualidad que precisamente anoche, el Dr. Zimmerman lo invitara a ver a su hija después de no verla hace muchos años… Qué casualidad que precisamente al momento se enfadara con él y saliera del bar en donde estaban. Y aún me parece mucha más casualidad, que justo anoche, también se escapara Safie del hospital psiquiátrico y lo que me parece más raro, es que se haya venido de inmediato a donde está su amigo muerto y le haya dicho usted a su asistente, que su hija no había matado a su esposa -.

Aquellas palabras trabajadamente razonadas e hirientes retumbaron dentro del pecho de aquel hombre, no podía ser que el destino le estuviera jugando aquel albur…

– Él no dijo eso, lo que dijo fue que había soñado con ella y que ella le había dicho que no era la asesina -.

– Entonces, admite que no la vio aquí ahora y que todo es producto de su somnolienta imaginación -.

Ahora ya no cabían otros sentimientos ni otras emociones en el corazón de Hugh que no fuera su enojo como jamás lo había sentido. Se levantó e inmediatamente le dio un puñetazo al detective quebrándole la nariz puntiaguda.

Michael tardó en levantarse y a penas lo hizo, sacó sus esposas y arrestó a Logan.

Horas más tarde, el detective Bening entró a la sala de interrogatorios…
– Dígame, lic… ¿Por qué mató a su esposa y a su mejor amigo? y ¿ Dónde está su hija?…

Continuará…

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