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México viejo, muy viejo

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Alejandro de Anda

LO CLARO. La Universidad Autónoma de Tamaulipas consolidó un modelo de administración financiera que le permite mantener finanzas sanas e incrementar la inversión en infraestructura, equipamiento y servicios académicos.

Responder al crecimiento de su matrícula, fortaleciendo espacios como gimnasios, Centros de Lenguas, CENDIS y CEINAS, además de ampliar el respaldo a docentes, estudiantes y trabajadores mediante una política de transparencia, rendición de cuentas y diálogo permanente con la comunidad universitaria.

Condiciones que favorecen una educación de mayor calidad y generan beneficios directos para la formación profesional de miles de jóvenes tamaulipecos y el desarrollo social del estado.

LO OSCURO. Durante medio siglo, el mundo vivió convencido de que el mayor riesgo consistía en tener demasiados habitantes. Muchos gobiernos impulsaron campañas de control natal, organismos internacionales advirtieron sobre el agotamiento de los recursos y generaciones enteras crecieron escuchando la misma consigna… “el planeta estaba lleno”.

El siglo XXI cambió el tablero.

Hoy la población mundial ronda 8,250 millones de personas, aunque el crecimiento registra el ritmo más bajo desde la década de 1950. La fecundidad global cayó de cinco hijos por mujer en 1950 a aproximadamente 2.2 en la actualidad. El nivel de reemplazo permanece en 2.1. El mundo sigue creciendo, aunque cada vez depende de menos regiones para hacerlo.

Europa vive el otro extremo. España registra alrededor de 1.16 hijos por mujer; Italia, 1.18; Japón, 1.15; Corea del Sur cayó hasta 0.75, la cifra más baja registrada por una economía desarrollada. El resultado aparece a la vista, escuelas que cierran por falta de alumnos, hospitales llenos de adultos mayores, empresas buscando trabajadores y sistemas de pensiones sometidos a una presión creciente.

China ofrece la imagen más reveladora. Alcanzó su máximo poblacional alrededor de 2021, con poco más de 1,412 millones de habitantes. Desde 2022 comenzó a perder población. La nación que durante décadas simbolizó la explosión demográfica enfrenta ahora el desafío opuesto.

África concentra el mayor crecimiento del planeta. El continente supera 1,550 millones de habitantes y las proyecciones apuntan hacia 2,500 millones en 2050. Gran parte del crecimiento mundial de las próximas décadas saldrá de esa región.

México se encuentra justo en medio de esa transición.

En 1970, cada mujer mexicana tenía en promedio 6.8 hijos. Hoy la cifra ronda 1.9. Hace apenas medio siglo el reto consistía en alimentar a una población que crecía aceleradamente (“La familia pequeña, vive mejor”). Ahora comienza la etapa de sostener una economía con menos nacimientos y una población que envejece con rapidez. Para 2050, aproximadamente uno de cada cuatro mexicanos tendrá 60 años o más.

La discusión ya no gira alrededor del número de habitantes. El debate consiste en saber cuántos producirán riqueza, cuántos sostendrán las pensiones, cuántos financiarán los sistemas de salud y cuántos llegarán preparados para competir en una economía basada en tecnología, innovación y conocimiento.

Y aparecen las primeras señales.

México sigue formando generaciones con enormes rezagos educativos mientras las industrias demandan técnicos especializados. Los salarios de millones de jóvenes apenas alcanzan para sobrevivir. La vivienda se aleja del ingreso familiar. Las guarderías resultan insuficientes. El transporte consume horas productivas. Las ciudades crecen sin planeación y el sistema de salud enfrenta una población cada vez más longeva.

Cada problema tiene un mismo origen… décadas de improvisación.

El país conocía las proyecciones demográficas desde finales del siglo pasado. Sabíamos bien que el bono demográfico tendría fecha de vencimiento; que la natalidad caería; que la esperanza de vida aumentaría; que las pensiones exigirían reformas profundas. También era un hecho estudiado que la productividad terminaría sustituyendo al volumen de población como principal ventaja competitiva.

Aun así, la política prefirió administrar el presente.

Sexenio tras sexenio, el debate público se concentró en elecciones, programas de corto plazo y popularidad inmediata.

La formación de capital humano quedó relegada.

La educación técnica perdió prioridad. La investigación científica avanzó a un ritmo insuficiente. La productividad laboral permaneció prácticamente estancada durante años. Tener hijos comenzó a representar un desafío económico para millones de familias, mientras formar profesionistas altamente competitivos dejó de ocupar el centro de la agenda nacional.

El problema no consistía en la cantidad de mexicanos que habitamos esta nación. El verdadero problema radica en la calidad de las oportunidades que el Estado ha sido capaz de construir para nosotros.

Corregir el rumbo todavía resulta posible. Educación ligada al sector productivo. Vivienda accesible cerca del empleo. Salud preventiva. Pensiones

sostenibles. Estímulos para la innovación. Universidades conectadas con la industria. Ciudades pensadas para producir riqueza y talento.

El reloj demográfico concede muy pocas prórrogas.

Cada año nacen menos mexicanos y aumenta la población adulta mayor.

La demografía jamás protesta, jamás bloquea carreteras ni organiza campañas políticas. Simplemente presenta la factura cuando llega el momento.

México aún tiene tiempo para actuar. Lo imperdonable sería desperdiciar otra década discutiendo ideologías mientras el país pierde sus posibilidades humanas de crecimiento.

Cuando un gobierno deja escapar ese capital humano, el costo deja de medirse en votos. Se tasa en crecimiento perdido, bienestar aplazado y oportunidades que tardarán medio siglo en regresar. Ese sí sería un fracaso histórico.

COLOFÓN: La población sigue creciendo en África. Siguen naciendo seres humanos que dominarán pronto el planeta, sólo por existir. Su futuro demográfico está asegurado…

alejandrodeanda@hotmail.com

@deandaalejandro