Inicio OPINIÓN Ola de derecha en AL por crisis del populismo, no por Trump

Ola de derecha en AL por crisis del populismo, no por Trump

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INDICADOR POLITICO

Por Carlos Ramírez

La dinámica de las formaciones sociales enfrenta dos opciones: o el abismo jurásico o el péndulo conservador. La actual ola populista en América Latina habría iniciado en 1998 con el ascenso de Hugi Chávez Frías al poder en Venezuela y las piezas comenzaron a caer en los últimos cinco años hasta la derrota de la izquierda en Colombia antier domingo y la perestroika neoliberal de Cuba,

En el escenario regional sólo quedan cuatro posiciones populistas: México, Brasil, Paraguay y Nicaragua, con los indicios de que la aureola de Lula da Silva ya perdió brillo y el lopezobradorismo mexicano se está hundiendo en la narcopolítica y las imposibilidades prácticas de un maximato. Nicaragua en colocó en la mira de Trump por falta de democracia, derechos humanos y exceso de dictadura. Y Paraguay no tarda.

El colapso de la ola populista ha tenido un factor dinamizador en la estrategia impulsiva de Trump: usar el poder imperial para destruir al enemigo antes de que se fortalezca otra vez, una aplicación que se conoce en la geopolítica como la Trampa Tucídides basada en la guerra de Peloponeso cuando Esparta le declaró la guerra a Atenas para evitar su fortalecimiento. Hoy se trata de un modelo guerra fría 2.0: los gigantes quieren el dominio mundial por la economía y el comercio pero no por la guerra nuclear.

El populismo latinoamericano en los últimos cien años fue un placebo al comunismo de Estado absoluto que nunca fue en realidad una meta política, salvo por Fidel Castro Ruz en Cuba y la experiencia quebrada por EU en el Chile comunista de Allende. El populismo aspiró un modelo de desarrollo mixto de Estado-mercado, sin una planta de desarrollo impulsada por el Estado y al final sólo con Estados autoritarios y fiscales; así, los Estados fracasaron al carecer de fuerza industrial propia y su esquema de paraestatales se hundió en la ineficacia y la corrupción con cargo al déficit presupuestal. Y la propuesta de salida fue la de un asistencialismo de primer piso, aunque sin soltar el mercado y sí controlándolo hasta su perversión.

Hoy las elecciones condenan a los populismos ineficaces porque se sostuvieron por elites políticas dominantes, pero carecieron de modelos viables de desarrollo con capacidad de presentarse como alternativas a los esquemas del modelo productivo estadounidense a nivel continental reducido sólo a la exacción de los recursos naturales y a incrementar la dependencia tecnológica y productiva de Estados Unidos.

Los gobiernos populistas fueron incapaces de construir modelos nacionales que sintetizaran las tres demandas de las autonomías nacionales en desarrollo: democracia, aparatos de producción y cumplimiento de la meta dual de crecimiento con distribución equitativa de la riqueza.

Los populismos latinoamericanos en los últimos 50 años –1975-2026– no pudieron consolidar la argumentación política de que los Estados podrían convertirse en factores de crecimiento y distribución sucedáneos de los modelos empresariales, además de que carecieron de los tres elementos fundamentales para generar modos autónomos de producción: educación, tecnología y empresas públicas.

Por eso el populismo se redujo a su mínima expresión: no como modelo de desarrollo, sino sólo como mecanismo de reasignación de la riqueza con reparto de dinero presupuestal en busca bases sociales de apoyo y no como estructura autónoma de producción.

La ola populista que está llegando a su fin tiene como punto referencial la agresividad de Trump y el cuestionamiento a gobiernos basados en el asistencialismo legitimador del poder. Pero detrás de ese discurso se encuentra la decisión del presidente de Estados Unidos de reconstruir la hegemonía productiva y tecnológica de la planta industrial americana no sólo en las cadenas de producción sino su reinstalación en el territorio americano para, el lenguaje demagógico pero válido, hacer que Estados Unidos sea grande otra vez, lograr que regrese a ser el centro dinamizador del capitalismo y desde luego su régimen político correspondiente en dominación del capital sobre la sociedad.

El punto que queda para analizar en las derrotas electorales de los populismos explicaría el nuevo ciclo conservador: el populismo asistencialista no genera bienestar social ni democracia, sino sólo crea bloques sociales dependientes del dinero regalado. Y detrás del agotamiento del populismo ya no se esconde el dato mayor de una clase media que comienza a vincular democracia con desarrollo y bienestar.

Al final, la ola populista termina por ineficacia del gobierno y Trump sólo le da el último empujoncito.

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Política para dummies: la política es la expresión socioeconómica de una sociedad.

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