Alejandro de Anda
LO CLARO. La Universidad Autónoma de Tamaulipas llevará hasta el Space Center Houston una experiencia educativa nacida en sus aulas. En febrero de 2027, el maestro e investigador Orlando José Martínez Arvizu recibirá formación aeroespacial tras quedar entre los tres mejores académicos de más de cien participantes en el Primer Foro Estatal Docente STEM, impulsado por el Gobierno de Tamaulipas, junto con Misión Educativa MX y Space Center Houston.
Ese conocimiento regresará a la UAT para incorporarse a la formación de sus estudiantes que busca llevarlos de la guía del maestro a la autonomía, fortaleciendo pensamiento crítico, capacidad de análisis y solución de problemas reales.
Así, el reconocimiento individual adquiere dimensión colectiva. Mejores docentes forman mejores profesionistas, y mejores profesionistas amplían la capacidad de Tamaulipas para generar ciencia, innovación y soluciones propias.
LO OSCURO. Según los resultados PISA, la definición de México sería “el país donde los niños van a la escuela… y aprenden muy poco”.
El 8 de septiembre de 2026 la OCDE entregó a México una de esas noticias que aquí solemos recibir con extraordinaria habilidad política. Primero buscamos quién tuvo la culpa, después explicamos por qué la medición resulta injusta y finalmente organizamos una conferencia para celebrar aquello que acabamos de perder. La noticia se llama PISA 2025.
PISA examina cada tres años a jóvenes de 15 años para saber qué pueden hacer con aquello que aprendieron en la escuela. Matemáticas, lectura, ciencias y resolución computacional de problemas. México participa desde el año 2000.
Los resultados de 2025 son muy difíciles de maquillar.
México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias. Los promedios de la OCDE fueron 463, 461 y 482, respectivamente.
PISA nos ofrece la traducción (¡Qué bueno! porque tampoco los entendía).
En matemáticas, apenas 30 de cada 100 muchachos mexicanos alcanzaron siquiera el nivel básico de competencia. Setenta quedaron debajo. En lectura llegó al mínimo 50 por ciento. En ciencias, otro 50 por ciento. Y mientras algunos sistemas educativos producen cantidades importantes de estudiantes de excelencia, México borró esa categoría del mapa.
Singapur, Beijing, Shanghái y Zhejiang encabezaron la tabla. Éstas alcanzaron 612 puntos en matemáticas. México, 388. Son 224 puntos de distancia.
Aquí comienza el drama.
El muchacho mexicano resulta que tampoco es tonto, flojo ni indiferente.
PISA encontró que nuestros estudiantes aparecen entre los más curiosos de los países participantes; 75.9 por ciento afirma que aumenta su esfuerzo cuando el trabajo se complica.
Tenemos entonces una paradoja maravillosa. El alumno quiere aprender y el sistema posee enormes dificultades para enseñarle.
¿Quién tiene la culpa?
Sería cómodo cargarle el muerto completo a Claudia Sheinbaum. Llegó a la Presidencia en 2024 y los muchachos examinados en 2025 habían pasado prácticamente toda su vida escolar bajo otros gobiernos.
También sería tramposo absolver al Estado mexicano.
Vicente Fox recibió malos resultados. Felipe Calderón; Peña Nieto; López Obrador recibieron malos resultados. Cada administración descubrió, con admirable puntualidad sexenal, que la educación mexicana necesitaba una reforma. Cada una inventó la suya.
Peña Nieto hizo de la evaluación docente el corazón político de su reforma. López Obrador desmontó aquella estructura y en 2022 presentó el Plan de Estudios de la Nueva Escuela Mexicana. La propuesta privilegió inclusión, pensamiento crítico, proyectos y formación humanista.
El pequeño detalle es que un niño también necesita leer, ¡comprender!, sumar, dividir, razonar, conocer ciencia y resolver problemas.
En PISA 2022, 34 por ciento de los mexicanos alcanzaba al menos el nivel básico en matemáticas. En 2025 quedó en 30 por ciento.
La Nueva Escuela Mexicana comenzó a aplicarse durante el ciclo 2022-2023, así que adjudicarle todo el desastre sería deshonesto. Tres años apenas alcanzan para comenzar a medir una reforma educativa.
Aquí empieza lo grave. Especialistas advertían, antes de publicarse PISA 2025, que el país carecía de una serie nacional equivalente para saber con precisión cómo evolucionaban los aprendizajes.
Si la báscula dice que engordaste, siempre queda la posibilidad de esconder la báscula. Mientras tanto, la realidad escolar sigue allí.
Los alumnos mexicanos estudian en planteles cuyos directores reportan carencias de materiales educativos y escuelas donde las deficiencias de infraestructura afectan de alguna manera la enseñanza.
México tiene alrededor de 35 estudiantes por maestro entre las escuelas de los jóvenes evaluados, una de las proporciones más altas y apenas 2.26 computadoras por cada diez alumnos.
¿Los culpables? comienzan a aparecer.
Son décadas de gobiernos federales que reinventaron la educación cada seis años. Secretarías que confundieron reforma pedagógica con proyecto político. Sindicatos y burócratas con intereses corporativos propios. Padres que delegamos demasiado. Y una sociedad que aprendió a festejar la calificación aprobatoria aunque detrás del seis hubiera un muchacho incapaz de comprender una página.
También está la pobreza ¡Claro que importa!
Pero utilizarla como explicación sería condenar al pobre a la ignorancia.
Existen sistemas educativos que han conseguido mejores resultados y mayor equidad.
México necesita recuperar una obsesión antigua… que los niños aprendan.
Lectura diaria y comprensión. Matemáticas, donde avanzar de grado signifique dominar el anterior. Evaluaciones públicas. Tutorías para quienes se rezagan. Formación docente permanente. Tecnología útil en vez de aparatos abandonados. Escuelas dignas. Y continuidad.
…Sobre todo continuidad ¿la mala noticia? Esto tampoco se arregla en un sexenio.
El niño que entre hoy a primaria llegará a los 15 años alrededor de 2035. Esa sería la primera generación formada bajo una estrategia sostenida desde el inicio. Tres presidentes. Varios secretarios de Educación.
Pedirle a la política mexicana que construya algo cuyo aplauso recibirá otro.
PISA acaba de dejarnos una fotografía incómoda.
Lo que nos falta es algo sencillo de escribir y terriblemente difícil de conseguir.
Un país que decida qué quiere enseñar y tenga la paciencia de hacerlo durante una generación completa.
O eso, o seguimos viendo de quién es la culpa.
COLOFÓN: Los resultados concretos de estas generaciones que PISA analizó y se encuentran en la vida productiva, son los que dicen “Hago como que trabajo, porque hacen como que me pagan”.
alejandrodeanda@hotmail.com
@deandaalejandro
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