Alejandro de Anda
LO CLARO. La Universidad Autónoma de Tamaulipas fortalece la formación internacional de sus estudiantes mediante el Disney Cultural Exchange Program 2026, en el que diez jóvenes participaron del 8 de mayo al 6 de agosto en una experiencia académica, laboral y multicultural dentro de los parques y complejos de Disney.
La delegación, segunda generación de alumnos de la UAT incorporada al programa, tuvo la oportunidad de trabajar y convivir con personas de distintas partes del mundo, practicar otros idiomas, desarrollar competencias profesionales y ampliar su visión global.
El rector Dámaso Anaya Alvarado destacó que estos programas forman parte de una estrategia para impulsar la competitividad laboral, la movilidad y el desarrollo integral de los universitarios, además de abrir nuevas oportunidades para que más jóvenes tamaulipecos accedan a experiencias internacionales y regresen al estado con conocimientos, capacidades y relaciones que fortalecen a la comunidad universitaria y al capital humano de Tamaulipas.
LO OSCURO. Donald Trump encontró una manera bastante pintoresca de explicar una relación comercial de cientos de miles de millones de dólares.
El 4 de septiembre de 2026 aseguró que México prácticamente carece de algo que Estados Unidos necesite. En la lista presidencial aparecieron “tamales calientes, tomates y un par de cosas”. También colocó en 195 mil millones de dólares la pérdida anual estadounidense derivada del comercio con México.
Por la frontera pasan automóviles, arneses, computadoras, maquinaria, equipo eléctrico, componentes electrónicos y una cantidad monumental de bienes intermedios. Algunas piezas cruzan varias veces antes de terminar dentro de un producto que finalmente llevará una etiqueta estadounidense.
Los tres países del T-MEC intercambiaron durante 2024 alrededor de 1.93 billones de dólares en bienes y servicios. A esas alturas, reducir la relación con México a tomates tiene aproximadamente la misma profundidad económica que explicar Wall Street hablando de puestos de hot dogs.
Canadá decidió responder a Trump de otra manera.
Washington anunció aranceles de hasta 50% sobre mercancías canadienses por 27 mil 600 millones de dólares a partir del 22 de agosto de 2026. Ottawa contestó tres días después… dólar por dólar. Desde el 8 de septiembre aplicará gravámenes de 15, 25 y 50% sobre exactamente el mismo monto de productos estadounidenses.
Una pelea de cantina perfectamente contabilizada.
México difícilmente puede darse semejante lujo.
Nuestra integración económica con Estados Unidos alcanza una profundidad distinta. Cerca de cuatro quintas partes de las exportaciones mexicanas tienen como destino ese mercado. Convertir un arancel estadounidense en otro mexicano podría producir magníficos titulares patrióticos y pésimos resultados.
Existe una respuesta bastante más inteligente. Volvernos indispensables.
Ahí aparece el nearshoring, quizá la mayor oportunidad real que México ha tenido en décadas para modificar su mediocre trayectoria de crecimiento.
La política industrial de Trump parte de una obsesión perfectamente conocida; recuperar manufactura, reducir la dependencia de China, acercar proveedores y llevar inversiones hacia territorio norteamericano.
El detalle incómodo consiste en que fabricar absolutamente todo dentro de Estados Unidos resulta extraordinariamente caro.
La alternativa a China puede ser Vietnam, India o cualquier otra plataforma asiática. También puede ser Norteamérica.
En esa última palabra cabe México.
Durante treinta años construimos lo que ahora adquiere un valor extraordinario. Una plataforma manufacturera pegada al mercado estadounidense, comunicada mediante carreteras y ferrocarriles, integrada por tratados comerciales y capaz de producir a costos considerablemente inferiores.
El nearshoring consiste precisamente en aprovechar esa circunstancia.
Ya ocurre en Arizona.
Alrededor de las inversiones multimillonarias de TSMC está naciendo uno de los mayores corredores estadounidenses de semiconductores. México intenta incorporarse durante 2026 a esa cadena mediante proveeduría, ensamblaje, materiales y capacitación especializada. Ésa debería ser la película completa.
Un semiconductor puede comenzar en Arizona, recibir procesos o componentes en México, regresar a Estados Unidos y terminar dentro de un automóvil fabricado entre plantas ubicadas en varios estados de ambos países.
Llegado cierto punto, preguntarse dónde nació el producto pierde importancia. Lo relevante es que toda la cadena permanezca dentro de Norteamérica.
México recibió alrededor de 35 mil millones de dólares de inversión extranjera directa durante la primera mitad de 2026, una cifra récord. Sin embargo, apenas 7.8% correspondió a inversión nueva.
Al mismo tiempo, las previsiones de crecimiento para 2026 continúan moviéndose alrededor de un vulgar 1%.
Resulta difícil encontrar un país con una oportunidad geográfica semejante haciendo tantos esfuerzos para crecer tan poquito.
Estamos junto a la mayor economía del planeta, conectados con sus cadenas industriales y en medio de la mayor reorganización manufacturera desde la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001.
Mientras Washington pelea con Beijing y ahora también mide fuerzas comerciales con Ottawa, México podría hacer algo mucho más productivo que intercambiar amenazas… construir fábricas, capturar proveedores, desarrollar parques industriales. Mover mercancías más rápido.
La fuerza mexicana frente a Estados Unidos jamás estará en ganar una guerra arancelaria. Está en elevar progresivamente el costo de prescindir de nosotros.
Cada componente estadounidense producido parcialmente en México hace más complicada una ruptura.
Ése debería ser el verdadero sentido del nearshoring.
Canadá escogió responderle a Trump con la misma moneda. México tiene la posibilidad de contestarle con fábricas.
Dentro de algunos años quizá alguien en Washington vuelva a preguntarse qué demonios compra Estados Unidos aquí.
Entonces podrán revisar la lista… ¿Tomates? seguramente. Tamales, también.
Y entre una cosa y otra, tal vez descubran que una parte considerable de aquello que orgullosamente llaman industria estadounidense se fabrica unos kilómetros al sur del río Bravo.
COLOFÓN: Excluyeron las gorditas doña Tota y las flautas, que son de harina. Eso sí calienta.
alejandrodeanda@hotmail.com
@deandaalejandro.
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