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¡Perfección histórica! El Tri firmó el 9 de 9 y ratificó el liderato rumbo a 16vos en el Mundial 2026

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El Estadio Azteca atestiguó una metamorfosis total. Lo que comenzó como una velada gris, espesa y desesperante, terminó por convertirse en una fiesta de proporciones históricas para el futbol nacional. Con un entradón de 80,824 almas que hicieron retumbar el Himno Nacional en el tres veces mundialista Coloso de Santa Úrsula, la Selección Mexicana saltó a la cancha con sorpresas en el once inicial del estratega nacional, destacando la titularidad del joven Gilberto Mora en el mediocampo y de Guillermo Martínez en la punta del ataque. Sin embargo, el arranque distó mucho de lo esperado por la afición.

Los primeros 45 minutos fueron un auténtico ejercicio de paciencia. Aunque México ganó el volado y movió el esférico desde el círculo central —esta vez bajo un protocolo habitual, sin las monumentales banderas de los miembros de la FIFA que engalanaron la inauguración—, el funcionamiento colectivo se mostró errático y predecible. La desesperación de la grada no tardó en manifestarse: al minuto 8 apareció el primer grito homofóbico de la noche, justo antes de una jugada de peligro que terminó diluyéndose sin siquiera exigir al guardameta europeo.

Chequia merodeó el área nacional con un par de aproximaciones que se marcharon desviadas, mientras el combinado tricolor no encontraba la brújula. Al 39’, el polémico grito volvió a retumbar en las tribunas. Roberto Alvarado dejó ir una de las más claras frente al marco y, ya en el tiempo agregado, Julián Quiñones mandó su disparo por encima del travesaño, desatando la tercera reprimenda vocal del público. El silbatazo del medio tiempo llegó acompañado de un sonoro e inapelable abucheo generalizado.

Pero el complemento dictó una historia radicalmente opuesta. El gris inicio se convirtió en total algarabía al minuto 55, cuando el juvenil Mateo Chávez recuperó un balón en la media cancha y emprendió una feroz carrera hacia el área rival; con un amague dejó sembrado a su marcador y sacó un disparo cruzado que venció la estirada del arquero para firmar el 1-0 en su debut como mundialista. El golpe anímico desarticuló a los checos y espoleó al Tri. Apenas seis minutos después, al 61’, Julián Quiñones cazó un rebote dentro del área chica y empujó el balón a las redes para decretar el 2-0, haciendo estallar al gigante de concreto.

La noche aún reservaba los pasajes más emotivos del encuentro. Al minuto 72, Javier Aguirre mandó al terreno de juego a Álvaro Fidalgo en sustitución de Gilberto Mora, buscando refrescar la circulación. Poco después, al 77’, el Coloso se puso de pie para presenciar un momento histórico: Guillermo Ochoa ingresó al campo en lugar de Raúl «Tala» Rangel. Con este cambio, el experimentado arquero concretó su participación en su sexta Copa del Mundo, una hazaña sin precedentes en el balompié global. En un gesto de profundo respeto, Edson Álvarez corrió de inmediato para cederle el gafete de capitán, mientras el graderío unificaba sus gargantas en un ensordecedor «¡Olé, olé, Memo, Memo!».

Cuando parecía que el marcador no se movería más, ya en el tiempo de compensación al minuto 90+4′, Álvaro Fidalgo tomó el esférico y sacó un derechazo impresionante, soberbiamente colocado, que fulminó al guardameta checo para sellar el 3-0 definitivo.

Con el silbatazo final, la Selección Mexicana amarró una gesta sin precedentes: por primera vez en la historia de los Mundiales, el Tri logró el paso perfecto en la fase de grupos con un contundente tres de tres y nueve puntos posibles. El liderato del sector se consumó con una solidez defensiva envidiable e invicta tras los triunfos sobre Sudáfrica (2-0), Corea del Sur (1-0) y el cuadro checo (3-0). México avanzó con paso firme a la ronda de 16vos de final, donde esperará a uno de los mejores terceros lugares del torneo para volver a hacer pesar el Estadio Azteca la próxima semana.