Hubo un tiempo en que el servicio público estaba reservado para abogados, profesores, y otros profesionistas universitarios, dotados de calidad moral y solvencia social, con vocación de servicio y un irrestricto respeto a la familia y a otras instituciones.
Sin embargo, la modernidad obligó a improvisar candidatos con tal de tener aceptación entre el electorado, sacrificando valores esenciales que fueron sustituidos por artificios que la gente adora: la fama de las celebridades.
El Partido del Trabajo construye en Sonora la candidatura de la ex atleta olímpica Ana Gabriela Guevara para disputar en su nombre la gubernatura, y coquetea con MORENA para que acepte reforzar el proyecto.
Ana Gabriela es comisionada nacional del deporte y se ha desempeñado como diputada federal y Senadora de la República, de tal manera que no es su primera vez que incursiona en política.
Por supuesto, no es lo mismo levantar el dedito en las cámaras del Congreso de la Unión, que manejar los asuntos públicos de una entidad federativa, pero eso es lo que menos preocupa a los jerarcas partidistas.
Su prioridad es ganar las elecciones y el resto lo improvisarán sobre la marcha, para dotar a la dama de suficientes asesores que le ayuden a gobernar.
Así ocurrió en el Estado de Morelos, donde también se hizo una alianza izquierdista para llevar al gobierno al ex futbolista Cuauhtémoc Blanco, que era muy bueno para meter goles, pero ahora tiene acumuladas muchas tarjetas amarillas y rojas.
Es vieja la costumbre de acudir a hombres y mujeres del espectáculo, artistas, deportistas, cantantes, vedetes, para ser llevados a los escenarios políticos y conseguir un cambio de cuando menos rostros, desplantes, atuendos, discursos.
Silvia Pinal, la Tigresa, Carmen Salinas La Corcholata; María Rojo, Carlos Bracho, también han desfilado por los reflectores legislativos, aunque no necesariamente con aciertos, pues lo suyo es otra ficción.
Tamaulipas también ha tenido actores consagrados que incursionaron en política. Tal es el caso de Eleazar García, El Chelelo, a quien el Gobernador Manuel Cavazos Lerma impuso como diputado federal por el distrito ribereño.
También pretendió ponerlo como presidente municipal de Ciudad Miguel Alemán en cuyo poblado Los Guerra presuntamente nació, pero Chelelo fue rechazado por los electorales, nada personal, pero sí contra Cavazos Lerma.
El panista Santiago Gómez Stringel, muy amigo de Chelelo por pertenecer ambos a la industria radiofónica, fue quien recibió la encomienda ciudadana de manejar la ciudad, en el trienio 1996-1998.
En sus tiempos de gloria cinematográfica, Cantinflas filmó una película de título de quinto patio, “Si yo fuera diputado…”, y cuando había elecciones presidenciales, eran miles las boletas donde aparecía el nombre de Mario Moreno.
La gente lo adoraba porque invariablemente encarnaba en el celuloide a personajes justicieros, enmendadores de entuertos, defensores de los pobres y oprimidos, además de ser simpático, ingenioso, siempre de buen humor… y enamorado.
La siguiente es una anécdota verídica. En sus tiempos de Gobernador, Enrique Cárdenas González tuvo complicaciones para poner al presidente municipal de Altamira tras de un conflicto político.
Acudieron a la Ciudad de México para invitar a Cuco Sánchez a hacerse cargo del Cabildo de su ciudad de origen, pero a pesar de que el veterano artista dormía hasta en una Cama de Piedra por estar muy venido a menos, no aceptó el cargo.
Debatían en un restaurante sobre el problema, cuando vieron salir del servicio sanitario a Rogelio Rodríguez González, El Chícharo, abrochándose el zipper del pantalón, y se les prendió el foco, pues él era nativo de Altamira.
El hasta entonces jefe de prensa del gobierno estatal se hizo cargo del gobierno de la ciudad, en el trienio 1978-1980.
En Nuevo Laredo, el editor y concesionario de radio, don Ruperto Villarreal Montemayor, fue presidente municipal en el trienio 1966-1968, luego de que fracasó en su intentona de convertirse en actor de carácter, en la Ciudad de México.
Era un declamador de mucho sentimiento. Le quedaron como recuerdo, las tarjetas de presentación que mandó imprimir y repartió a montones entre los productores artísticos. Rupo Villamón, era su nombre de combate.
Siempre fue don Ruperto un hombre generoso y cordial. Las siglas de su estación de radio eran XEDF. Un colega suyo de la Ciudad de México hizo viaje especial para verlo en Nuevo Laredo y proponerle la compra de las siglas, por ser las más adecuadas para una estación del DF.
El señor Villarreal no aceptó ninguna remuneración económica y se mostró encantado con el intercambio de siglas. Desde entonces su empresa se identifica como XEK, La Estación Grande.
Su hijo Eduardo Villarreal Marroquín es el encargado de atender ese negocio. Su periódico El Diario, hasta su desaparición hace unos meses, era administrado alternativamente por sus hijos Ruperto, Luis Federico, Marco Guillermo y Raúl Villarreal Marroquín.
Su otro hijo, Ricardo, falleció muy joven en un accidente de trabajo en su rancho San Ricardo, por la carretera ribereña. Una mala maniobra hizo volcar el tractor con el que emparejaba los surcos de una parcela.
Por asociación de ideas recordamos que Mauricio González de la Garza no era propiamente un político, pero sí un poeta, escritor, periodista, compositor, pianista, que dio renombre a Nuevo Laredo.
Su pieza más famosa es “Polvo Enamorado” que hizo consagrar en popularidad y ventas, José José.
“Mauricio dice” fue una columna que se publicaba en los principales periódicos de México, por la contundencia de la información política que manejaba, muy crítico e implacable.
Fue colaborador de El Mañana de Ninfa Deandar en Nuevo Laredo, en cuya casa se hospedaba cuando no estaba en la Ciudad de México o el extranjero.
Mauricio no era político pero los políticos y funcionarios se preocupaban por seducirlo con detalles exquisitos, para que no los maltratara en sus columnas.
Cuando el candidato presidencial Luis Donaldo Colosio Murrieta llegó a Tamaulipas en campaña, el autobús que lo condujo de Veracruz a Tampico, traía como invitado de honor a González de la Garza.
En otra ocasión, el entonces Gobernador Américo Villarreal Guerra quiso conversar con Mauricio para preguntarle por su obstinación de dibujarlo a él en sus columnas, como un mal servidor público.
La reunión fue en una habitación al fondo del patio de la casa con alberca de la editora Ninfa Deandar, en Nuevo Laredo. Felipe Garza Narváez había promovido el encuentro y se mostró atento a lo que pidieran mientras duró el encierro, varias horas.
Cuando pidieron la segunda botella de vino, todos respiraron con alivio. Se hicieron grandes amigos al limar asperezas y disipar los malos entendidos.
El médico Rodolfo González San Miguel, sobrino de Mauricio, reside en Ciudad Victoria.
(Agencia de Servicios Informativos).



