AL VUELO-Futbol

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Por Pegaso

Andaba yo volando anoche allá, sobre el centro de la ciudad, viendo cómo la afición de los reynosenses se desbordaba en algunos restaurantes, bares y cantinas con el juego de campeonato entre el América y los Tigres.

Bajé un rato a tomar un café lechero y me concentré en una interesante película. Pero con cada jugada que hacían los futbolistas se escuchaba el grito estridente de los contertulios.

Al terminar el partido, la hinchada de los Tigres festejó en las calles como si se tratase de un asunto de gran relevancia para el futuro y la gloria del país.

El futbol, alguien lo decía, es un juego donde once pendejos andan detrás de una pelota.

Pero los realmente tontos somos los aficionados, los televidentes, quienes hacemos que los propietarios de los clubes se enriquezcan asquerosamente mientras nosotros nos desgañitamos y hasta nos peleamos entre sí.

El futbol suele ser también una cortina de humo para que el Gobierno haga lo que se le plazca en perjuicio del pueblo.

Mientras la euforia futbolera, las fiestas navideñas y hasta el quinceaños de Rubí sigan manteniendo enfocada la atención de los mexicanos, se prepara uno de los golpes más duros de que se tenga memoria, similar a la devaluación ocurrida en 1994: La liberación del precio de las gasolinas.

Pero bueno, no trateré en esta columna de economía sino de futbol.

Y ya que nos gusta tanto este deporte, pero que por desgracia nuestros jugadores son extremadamente malos, el equipo de analistas de Pegaso se dio a la tarea de averiguar las causas y proponer una alternativa viable para mejorar sustancialmente el rendimiento de los futbolistas nacionales.

La causa de lo causado-como dice Gerardo Peña, Secretario de Bienestar Social del Estado- es que no hay especialistas en la cancha de juego.

Podríamos poner un delantero como defensa, un portero como medio o un delantero como volante, y el resultado sería el mismo.

Cuando a la selección mexicana le toca jugar contra un buen equipo, puede que llegue a empatar, pero en los penalties casi siempre pierde.

¿Por qué? Pues porque el portero ve enoooorme la portería, mientras que el tirador mexicano la ve chiquita, chiquita.

En un meme famoso se puede ver esa diferencia «psicológica» del tamaño de la portería, desde el punto de vista de los mexicanos.

Por eso mismo debe haber especialistas en la cancha de fútbol.

Como resultado del sesudo análisis, en el cual se utilizaron las más modernas herramientas y los conocimientos más avanzados en biomecánica y medicina deportiva para tener a los jugadores ideales, se obtuvieron las siguientes conclusiones:

-El portero: El portero debe ser un individuo alto, de la talla de un basquetbolista, con complexión delgada pero lo suficientemente fuerte para soportar los balonazos de los delanteros enemigos.

Las medidas oficiales de la FIFA para la portería profesional, olímpica o de competencia mundialista son: Largo del travesaño, 7.32 metros, altura de
los postes, 2.44 metros, grueso de los postes y el travesaño, 0.12 metros.

Luego, entonces, el portero debe poder estirarse lo suficiente para cubrir los 7.32 metros.

Supongamos que está en el centro de la portería y se dispone a parar un penal.

Tiene a ambos lados 3.76 metros que cubrir de un sólo brinco.

Habría que agregarle por lo menos otros 30 centímetros para que pueda alcanzar las esquinas superiores (cantidad obtenida mediante el Teorema de Pitágoras).

Buen tono muscular en las piernas para poder resortear, brazos largos, cuerpo delgado pero musculoso, son las características físicas del portero ideal.
-Los defensas: Los defensas deben ser extremadamente fuertes, tanto de las piernas como del torso, algo así como un jugador defensivo de futbol americano. Debe ser una verdadera valla donde se estrellen los jugadores contrarios, pero debe tener la agilidad suficiente para desplazarse en forma rápida por la zona defensiva. Debe ser alto para alcanzar los balones que llegan por vía aérea, por lo menos de 1.98 metros de estatura.

-Los medios y volantes: Deben ser individuos muy veloces para poder surtir de balones a los delanteros. De estatura mediana, deben tener un buen desarrollo muscular en los muslos y una capacidad pulmonar extraordinaria, porque son los que tienen el mayor gasto cardiovascular.

-Los delanteros: Tienen que ser sujetos muy fuertes en sus extremidades inferiores. Sus piernas deben ser muy parecidas a las de los fisiculturistas. Su estatura debe rondar entre 1.85 y 1.90 metros para alcanzar los balones altos. Su complexión tendría que ser mediana o atlética, para poder moverse con agilidad en la parte enemiga de la cancha. Su potencia de disparo del balón debe ser superior a los 160 kilómetros por hora.

-El Director Técnico: Este individuo tiene que ser especialista en estrategia militar, con un doctorado en Matemáticas y Física Aplicada. Su capacidad craneal debe ser mayor que el promedio para poder hacer cálculos complicados. Pero además, debe tener don de mando para transmitir sus instrucciones de manera efectiva a los jugadores.

-El Presidente o Propietario del Club: Debe estar forrado de billetes. Si ya se cuenta con un equipo ideal, tiene que invertir en tecnología de punta para lograr los resultados antes mencionados, pero además, necesariamente se tendrá que invertir en publicidad, en diseño de vestuario, en construir un estadio a la altura de las circunstancias y en pagar bien a los jugadores.

En el caso de la Selección Nacional, si en realidad se busca obtener buenos resultados y no quedar en octavo lugar en los mundiales, se tendría que asignar el 5% del PIB a fin de que pueda tener un equipo competitivo.

Ya sé que este equipo de ensueño parece más una colección de fenómenos de circo que el espectáculo glamoroso que nos presentan actualmente los futbolistas de ligas premier, como Cristiano Ronaldo y David Beckham, más cercanos a las pasarelas que al rudo deporte.

Sin embargo, aquí está la sugerencia, por si el América, la Selección Mexicana o cualquier otro equipo la quiere adoptar.

Va pues, el dicho estilo Pegaso: «Fue de su propiedad, la poseía y permitió que se le escabullera». (Era suya, la tenía y la dejó ir).

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