Por Pegaso
¡Chavos banda, halcones, punteros! ¡Anímense! ¡Por fin dejarán de andar en las calles corriendo peligros mil! ¡Ya no más corretizas de los soldados! ¡Ahora podrán acceder a un mejor nivel de vida y convertirse en las próximas estrellas de futbol! ¡Podrán codearse y llevarse de patada en el trasero con Ronaldiño, Messi y Beckham!
Andaba yo volando allá, por el rumbo de la unidad deportiva, porque me llegó la invitación a mi correo electrónico para asistir a la presentación que haría la Delegada Estatal de SEDESOL, María de Lourdes Flores Montemayor, del novedoso programa «Futbol para la Inclusión».
Resulta que dicho programa va dirigido a rescatar a todos aquellos jóvenes y jóvenas de entre 15 y 21 años que por algún motivo se salieron de la escuela y que además les guste jugar con las pelotas (sin albur).
O sea, puro chavo sin oficio ni beneficio, vagos, para definirlo con una sola palabra.
Pues bien, al Gobierno Federal, mediante los genios de la SEDESOL se les ocurrió la brillante idea de incluir a ese sector de la población en un proyecto piloto que a mí, Pegaso, no me resulta del todo convincente.
Les ofrecen, para empezar, la oportunidad de seguir estudiando mediante el esquema del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, y como plus, como motivación o como premio les prometen escoger de entre ellos a los que mejor jueguen futbol para enviarlos a un centro de entrenamiento de ese deporte en la Ciudad de México, con todos los gastos pagados, como si fueran unas merecidas vacaciones.
Allá van a escoger los dieciséis mejores a nivel nacional para enviarlos a España, también con gastos pagados, para ser capacitados por entrenadores profesionales.
Si eso no fuera suficiente, la Delegada dijo que con primaria y secundaria terminada podrán continuar con sus estudios y llegar a ser profesionistas, y si aparte destacan en el futbol, las posibilidades de alcanzar un mejor nivel de vida son inmejorables.
Quiero ponerme en los zapatos de un chavo de esos.
Reclutado por algún grupo de la delincuencia organizada, difícilmente podrán salirse de ese mundo que ya los ha adoptado y marcado.
Acostumbrados al crack y a tener dinero fácil, será harto difícil que se animen a participar en un programa como el que describió la Delegada de SEDESOL.
-Apá-le diría uno de ellos a su jefe inmediato-, voy a meterme al programa de SEDESOL.
-¿Qué?-le contestaría fúrico su interlocutor. ¡Mire, deje de estar chingando y váyase a vigilar su esquina!
Difícil será rescatar a toda una generación si no se hace algo primero por acabar con el problema de la inseguridad de raíz.
Para muchos, esta es una generación perdida. Se va a invertir un dinero en un programa que no tiene un futuro prometedor.
O a lo mejor estoy equivocado y la respuesta es la siguiente:
-Apá, voy a meterme al programa de SEDESOL para ser campeón de futbol como Messi.
Y la respuesta de su jefe tal vez sería la siguiente:
-Sí, ándele, vaya y estudie para que llegue a superarse; meta muchos goles para la selección nacional y ponga muy en alto el nombre de nuestro cártel.
No sé. Quizá la SEDESOL tenga razón.
El refrán estilo Pegaso dice: «¿Cuál es la actividad productiva que desarrolla el joven individuo?» (¿En qué trabaja el muchacho?)


