Sin normas

Alejandro de Anda

CLAROSCURO

LO CLARO. En tiempos no tan lejanos, las posibilidades de acceder a una buena oferta educativa para quienes teníamos la edad universitaria, se encasillaban a un espectro bajo en alternativas. Algunas buenas licenciaturas, posibilidades de ingeniería limitadas y acaso en dos puntos geográficos del estado, recursos en materia de salud que nos brindaran la opción de no migrar hacia otras latitudes del país.

Hoy las posibilidades crecen y facultan al estudiante de opciones incluso muy especialistas a detalle. La Universidad Autónoma de Tamaulipas da a conocer esa amplia gama donde han renovado 74 programas académicos que son parte de esa oferta educativa y permiten al estudiante y al patrimonio familiar, una menor inversión y una muy buena calidad educativa para el que será el nuevo profesionista tamaulipeco.

Educación pertinente a su entorno de desarrollo y también adecuado a la vocación del joven estudiante. Que sea para bien de nuestra comunidad.

LO MUY OSCURO. Según el Senado de la República nuestro país aglutina acorde al registro de profesiones a 343,700 personas que estudiaron medicina. Si tal cifra la compaginamos con los 129 millones de mexicanos que contabiliza INEGI en todo el territorio, nos da una idea clara de cuanta gente sabe de temas relacionados con salud con veracidad.

Pero aun así, la lógica mueve a quienes tienen la oportunidad de alzar la voz y pedir explicaciones en beneficio de la salud poblacional.

Por partes.

El presente ejercicio gubernamental, como muy pocos habría sido cuestionado en materia de toma de decisiones respecto del ámbito de la salud. Coincidentemente pasaría semejante con el sexenio antagónico de Calderón, donde aquél H1N1 salvaría la catástrofe mundial gracias a las políticas públicas emprendidas entonces. Esa era la versión oficial.

El espacio de incertidumbre actual es referente a la decisión unilateral de parte del gabinete federal de eliminar por obsoletas, 35 normas oficiales mexicanas en materia de salud; que son los protocolos que garantizan buenas prácticas para los profesionales de la materia (privados e instituciones públicas) en el manejo de varias muchas áreas sensibles.

Regresemos a las razones.

Sí, es verdad. Nada es para siempre. Todo debe evolucionar. Si acaso hoy buscásemos ser regidos bajo la Constitución de Cádiz o la de 1857, veríamos tantos inconvenientes como el que las vías de comunicación terrestre ya no son adaptadas principalmente para caballos.

Los protomédicos, escribanos y maestros de botica, eran las fuentes jurisdiccionales de la Nueva España que reglamentaban la apertura de establecimientos de venta de fármacos y éstos debían jurar ante los visitadores la verdad en nombre de Dios; presentar libros de farmacopea española, diccionario elemental de farmacia y de botánica.

Esas normas elementales de funcionamiento, no van más.

Así damos por enterado que la evolución marca el punto de extinción de las normas vigentes que deben dar paso a la aplicabilidad de mejoras para bien del ser humano.

La propuesta ‘Gatelliana’ señala entre otras, la extinción inmediata de la regulación de vigilancia epidemiológica; protección a la lactancia materna; salud escolar; sobrepeso y obesidad; prevención y control de diabetes; hipertensión arterial; de transmisión sexual, enfermedades por vector; tratamiento de adicciones, cáncer de próstata, cérvico uterino, de mama.

Son algunas de las vertientes cuyos parámetros de protocolo a juzgar por la autoridad, deben ser observados de distinta manera.

No es de dudarse que existan mejoras para su correcta aplicabilidad en vías de garantizar la salud del paciente. De las mencionadas, todas se encuentran dentro del catálogo de mayor índice de muerte de mexicanos.

Y luego fifís, liberales, neoliberales y muchas otras vertientes amigas y enemigas del régimen en ciernes, manifiestan su preocupación al conocer la unilateralidad en la materia por parte del subsecretario que propone.

Por supuesto que mueve al desconcierto tal manifestación de voces en conjunto y preocupa al restante 128 millones 700 mil mexicanos que no dominamos el lenguaje científico médico.

La resultante es una sola.

Usted acude al dentista el día de hoy y aquél le dice. Primero debo practicarle una autopsia para ver cómo anda por dentro y luego procedemos a los empastes.

No hay protocolo que vigile lo contrario, ni autoridad que garantice las buenas prácticas para su ejercicio.

La negligencia tendría un colchón mucho mayor para la discrecionalidad y el poco apego a una práctica con ética en el cuidado de la vida.

Es probable que primero debieron publicar las reformas a las normas según el criterio de especialistas y posterior, su claudicación.

Eso, sin saber de la materia.

COLOFÓN. Ya existen muchos médicos que se brincaban las normas, donde las malas prácticas son harto benéficas al bolsillo. Difícil comprobarlo. ¡Pero que no sea con permiso oficial!

P.D. La última noticia al respecto es la suspensión por un juez del decreto que extingue las 35 NOM de salud. Atrás a la iniciativa del subsecretario.

Por su bien, no se enferme mientras tanto…

alejandrodeanda@hotmail.com

@deandaalejandro

Facebook Comments