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AL VUELO-Demanda

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Por Pegaso

Andaba yo volando allá, por el rumbo de la Quinta Blazer, donde el candidato de la alianza PRI-PV-PANAL a la gubernatura de Tamaulipas, Baltazar Hinojosa Ochoa, invitó a la raza de Reynosa a un evento de convivencia familiar.

Pero como no pudo venir porque estaba abriendo su campaña en el sur del Estado, el evento quedó deslucido, a pesar de la enjundia que le echaron los responsables de la coordinación: Oscar Luebbert, su esposa, la diputada federal María Esther Camargo Félix y el ex alcalde Everardo Villarreal Salinas.

«Será una campaña por la seguridad y por las familias»,-dijeron, ante miles de personas que fueron por su lonche y su chesco.

Más tarde, en el salón La Cantera, un crecido Francisco García Cabeza de Vaca enarbolaba el tema de la inseguridad como argumento principal de su campaña.

Enardecido porque dice que los alcaldes y gobernadores priístas son partícipes de la inseguridad y cómplices de la delincuencia organizada, sentenció que sesenta días lo separan de la gubernatura de Tamaulipas.

Y podría ser verdad, si los estrategas del PRI no hacen que su candidato repunte en las preferencias electorales.

Ayer, en la rueda de prensa que dio el candidato del PAN, no se tocó un punto que considero yo que es esencial para entender la problemática que atraviesa nuestro país.

Dejemos a un lado el odio que le tiene Cabeza de Vaca a los gobernantes priístas, que los quiere a ver a todos en la cárcel, sean o no cómplices, sean o no partícipes del crimen organizado.

El verdadero origen de los males que sufren los mexicanos es la monstruosa demanda de estupefacientes que hay en los Estados Unidos.

Si no hubiera demanda, no habría tráfico, no habría crimen organizado, no habría muertes, ni balaceras, ni secuestros.

Ya lo decía un conocido personaje: «¡Pobre México! Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos».

Y tenía mucha razón. Basta ver las estadísticas sobre drogadicción que se manejan en ese país: Casi el 70% de los jóvenes a partir de los 12 años han probado algún tipo de droga, y la mayoría son adictos.

En las películas de comedia que se producen en Estados Unidos, en todas ellas se hace alusión al consumo de algún estupefaciente, ya sea marihuana, cocaína, metanfetaminas, crack, o lo que sea.

La culpa de lo que está pasando en México, donde han muerto más de cien mil personas a causa de la violencia, la tiene el gobierno de aquel país por su excesiva permisividad con sus ciudadanos.

El gobierno norteamericano se ha convertido en el criminal más grande de la historia. Sobre sus hombros recaen todas esas muertes al no combatir la distribución de drogas en su territorio y al ser muy consecuentes con los millones de adictos que son estudiantes, profesionistas, padres y madres de familia, ¡hasta funcionarios públicos!

Tan natural se ve el consumo de cualquier droga en gringolandia que cada quien tiene su «dealer» personal.

-¿Dónde consigues tu droga?-le pregunta un personaje de una película a otro.

-Con mi «dealer» personal,-contesta con toda naturalidad, como si se tratara de un vendedor de periódicos.

En la serie de comedia “Two and a Half Men”, los protagonistas son consagrados fumadores de hierba.

La vida de la clase media y alta en Estados Unidos no se puede concebir sin el consumo de drogas. Creo que si de pronto se suspendiera el suministro, el país entraría en un estado de caos, y entonces cada uno de los ahora pacíficos ciudadanos que fuman mota o se inyectan cocaína se convertirá en un feroz criminal, impulsado por el síndrome de abstinencia.

La droga ensangrentada que llega a Estados Unidos me recuerda el caso de los también llamados «diamantes de sangre».

Durante mucho tiempo las principales casas comerciales de joyas de Estados Unidos, como Shoteby’s, adquirieron baratos los diamentes producidos en países sudafricanos.

Pero luego se dieron cuenta que cada una de esas piedrecillas estaban manchadas con asesinatos por parte de grupos guerrilleros y contrabandistas que controlaban los campos productores.

Miles o millones de personas murieron para que las encopetadas damas de sociedad pudieran lucir sus brazaletes de diamantes en fastuosas ceremonias, o para que la radiante esposa de un trabajador clasemediero pudiera tener su sortija de matrimonio.

Poco a poco, Shoteby’s y otras casas de lujo tuvieron que dejar de comprar los «diamantes de sangre».

En México pasa lo mismo, sólo que la mercancía es diferente. Han muerto muchos miles de personas y otras más seguirán muriendo sólo para que los gringuitos tengan su ración de «cola de chango».

Es un crimen de lesa humanidad.

En lugar de andar haciendo cuatachos en Austin con los congresistas norteamericanos, se debía plantear una enérgica campaña para exigir al gobierno de Estados Unidos que haga algo efectivo, que combata la red de distribución que hay en sus calles y dé atención médica y psicológica inmediata a sus millones de drogadictos.

Posiblemente así bajará la demanda y la ambición de políticos, y la operación del crimen organizado disminuya.

México no tiene la culpa que la mayoría de los gringos sean drogadictos. Es su insaciable sed de placeres prohibidos lo que hace nacer la ambición de políticos y grupos criminales.

Aquí nos estamos matando unos a otros mientras que allá andan volando envueltos en el humo de la marihuana y el sopor de las metanfetaminas.

Creo que aquí, con todo el respeto que me merecen los estrategas de la campaña panista, está mal enfocado el tema, porque pretenden abatir el efecto sin combatir la causa.

Otra cosa más que debo decir. Si hasta ahora las relaciones entre México y Estados Unidos son saludables y se puede plantear una solución diplomática al problema de la violencia, pero si logra ganar las elecciones el orate de Donald Trump, las cosas se van a poner color de hormiga no sólo para los migrantes mexicanos, sino para todo nuestro país, porque entonces no se va a poder negociar bajo ningún término.

Querer empuñar como arma de campaña el tema de la inseguridad sin ver sus verdaderas causas, es retórica y nada más.

Los dejo con el refrán estilo Pegaso: «Viertes tu excreta líquida en el exterior de la oquedad». (Estás meando fuera del hoyo).

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